Un hombre de
79 años murió ayer en Bétera al caer de su bicicleta.
Estoy sentado frente al amplio bow window de mi loft en carrer
de la Blanqueria en el barri del Carme. Para mi visión montevideana sería más
bien una avinguda, o sea una avenida pero aquí se le llama carrer, calle. Llueve
suavemente y sin ganas de parar. Está frío: 12º. No es lo habitual en Valencia.
Repito esto a diario. Me siento frente a una pequeñita mesa redonda de hierro
de forja con dos, también pequeñas, sillas haciendo juego. Son blancas aunque
de un blanco ya desmerecido.
Todo y todos nos
desmerecemos con el tiempo (a excepción de ciertos vinos y quesos).
A estas sillas las tuve que llevar a soldar. Los años les
han traído problemas a sus tubos-huesos lo que las hace muy humanas; como a mí
con mi artrosis. Los tubos de las sillas sufren fatiga de metal y se quiebran
con el peso de quienes las usamos. Menos mal que nadie se sienta encima de mí
aunque una secretaria de aquellas de las películas de los años 50 sería una
decoración agradable si bien insoportable (en sentido literal).
Seguramente me
censurarán por pensar en una secretaria de película de hace 69 años. Ya pasó
con un film reciente que se desarrollaba en esos años: “El Irlandés”. Fue
criticado por cierta señora muy conocida en los medios; lo considera machista.
En la Cerrajería Artística del carrer Bany dels Pavesos en
pleno barrio de La Seu en la Ciutat Vella antes de llegar al carrer de la
Corretgeria, zona de variadas casas de antigüedades, fue donde me las soldaron
por €14. Es un taller con forja ya que para reparar puertas y ventanas del siglo
XV al XIX de esta Ciutat Vella se la necesita; aquí no hay sutilezas, ni delicadezas
ni aceros inoxidables ni aluminios ni acrílicos. El artesano-soldador me
explicó que la quebradura volvería a darse; ya tienen muchos años me dijo.
Ya lo sé, ni las
sillas ni yo ni el ciclista de Bétera estamos aquí para siempre y el tiempo nos vuelve más frágiles.
No son confortables pero me gusta estar allí. Tomo mis
desayunos tardíos y algunas comidas. Para hacerlas más soportables agregué unos
almohadones redondos de azul profundo que combinan muy bien. Los colores y sus
combinaciones son importantes. La naturaleza lo sabe y no hace casi nunca
flores verdes como las hojas.
Se me ocurre pensar
cómo nos ven las flores a nosotros. No cabe duda que nos ven feos e igualmente
delicados. Sí, tan delicados como ellas. El tiempo nos marchita.
Tomo mi té con tostadas cubiertas de tomate. Las preparo yo
mismo para el desayuno. Miro para afuera. A esa hora hay mucho tráfico. Miro
los coches, muy corrientes de clase media inferior. Ocasionalmente aparece algo
diferente como un Maserati Quattroporte que es un traje Armani con ruedas o más
habitualmente diferentes Porsches con la eficiencia de la ropa de Hugo Boss (nazi
convencido que usaba mano de obra esclava de judíos) como cuando diseñaba los
uniformes de las Wehrmacht o Waffen SS de la Alemania nazi. Hay un Jaguar XK-8
gris que pasa casi siempre a la misma hora. Es como una escultura del período streamline-Art Decó que se mueve. De un
gris insulso y anónimo no recuerda a ropa sino al coche de una historieta manga, discreto pero llamativo en su
elegancia atemporal. Son caros y si no existieran sería un mundo mejor para los
que sentimos que debe de haber más equidad. Claro que los trabajadores que los
fabrican no estarían contentos si pierden su trabajo.
Existen esculturas en
movimiento como un flamingo volando, un caballo árabe galopando libremente, un osezno panda jugando, y muchas chicas caminando a las que no puedo mirar
para que no piensen que estoy cometiendo acoso. Menos mal que ni los flamingos
ni los caballos ni los pandas se andan con esas temibles teorías. Admirar la belleza de la obra de dios/la fuerza/los pais/ y demás debería totalmente libre.
Tengo tres líneas de autobuses del EMT que pasan por la
puerta. Conozco por el número cada unidad que usan según la línea. Los más
modernos son para la 5 Interior, la que da la vuelta a toda la Ciutat Vella.
Hay varios híbridos MAN y dos eléctricos, uno BYD de China y otro Irizar de
España. Son todos muy nuevos. No sucede esto con la línea 28 o la 95 que tienen
muchos quilómetros recorridos pero aún se resisten a ser retirados.
Me imagino cómo les
dolerá el chasis/esqueleto cada mañana cuando los arrancan para los recorridos
del día. Como yo, y como yo, al rato se les pasa y pueden cumplir su tarea.
Como yo luego de caminar a buen ritmo los primeros 400 o 500 metros. Autobuses
y personas nos parecemos.
Desvío la vista y aprovecho para descansarla en los árboles
del Jardín del Turia. Hay mucho verde tanto invierno como en verano. A pesar
del tiempo se ve gente corriendo o usando patinetes por allí. Yo lo disfruto en
bicicleta cuando el tiempo es más llevadero. Uso casco pues no me gusta que mis
ideas se machuquen ni que me las machuquen. ¿Me salvaría el SAMU si me caigo
pedaleando por las bicisendas del río?
Hace un par de días
murió un anciano de 79 años al caerse de la bicicleta en Bétera. El SAMU no
pudo hacer nada.
La lluvia ha hecho desaparecer a muchos turistas. Quizá
están en sus apartamentos turísticos de Airbnb. Se ven unos pocos, seguramente
de hoteles pero no se alojan por acá sino más al centro y especialmente extramurs. Aquí en el barri del Carme no
queremos turistas. Los alquileres de los pisos suben y casi ni puedes caminar
sin toparte con manadas de ellos que no miran nada y te llevan por delante.
Solo se concentran en la pantallita de su móvil-guía. Menos
mal que encontrarán en sus hoteles o apartamentos las fotos de los lugares por
donde el Google maps los ha llevado. Cuando vengan más turistas chinos (está
previsto que ya en 2020 empiecen grandes riadas de ellos) será algo diferente pues,
sin dejar de mirar la pantalla, la suben para hacerse el obligado auto-retrato
(selfie). Quienes trabajan en hostelería estarán muy contentos. No así los
6,789 que estamos empadronados como residentes permanentes en el Barri.
La mente humana es
compleja. Por eso los dogmas son tan populares: no hay que pensar. Con los
móviles tampoco. Me pregunto si el ciclista de Bétera estaría mirando su móvil.
Valencia, 9 de diciembre de 2019.
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