14. La épica pequeña
La épica, yo creo,
se escribe con minúsculas y se dice en voz baja. Si acaso es que tiene que
escribirse o decirse. Al lado opuesto del heroísmo y del martirologio está la
épica, si es que está en algún sitio. Al otro lado de la bata blanca y del
aplauso y de las sirenas de ambulancia y de la exaltación.
La épica está a la
espalda de los números, del énfasis de los telediarios, de las fotografías del
periódico. Detrás del aspaviento, si es que está.
Si escribiera el
inventario de la épica, buscaría la letra más pequeña de las letras, lo haría
con la tinta transparente del afecto, lo escribiría sin palabras, casi. Diría
que la épica está en el buenos días de cada compañero, en el cómo te
encuentras, en el gracias por todo. En el eres importante y en el cuídate
mucho, en el tú no lo hagas que ya voy yo por ti. Hablaría de la épica del en
esto estamos juntos, del de esta saldremos, del gracias por estar. Mostraría la
épica del tacto de una mano, del rastro de una ojera, del beso de una lágrima.
Si aplaudiéramos
esta noche de verdad a la épica, lo haríamos con el silencio rotundo de la
épica.
Me dan ganas de aplaudir este texto con silencio, pero no encuentro la forma de escribirlo.
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