martes, 12 de mayo de 2020

ejercicio de descripción de una parte del cuerpo



Cuando pensamos en las partes del cuerpo casi siempre pensamos en las partes que se ven. La cabeza, la cara, la nariz, las orejas, los ojos, los brazos, las piernas, los dedos, incluso podríamos ir más lejos y pensar en las que se ven sólo en contadas ocasiones, las más íntimas, como el pecho o los pechos, y nuestros órganos sexuales. Pues en esta ocasión voy a hablaros de una parte de mi cuerpo que no se ve nunca. Si tuviera que describir esta parte diría que es un gran amigo. Un elemento vital que en multitud de ocasiones se ha sacrificado por mí, como buen amigo que os digo que es. Le estoy muy agradecido por haberme salvado de envenenamientos por exceso de líquidos o solidos ingeridos con vehemencia y sin mesura. Sí, puede que ya sepáis que hablo de mi hígado. Y me sabe mal que nadie pueda verlo a este gran amigo. Podríamos muy bien haberlo llevado en el exterior junto al ombligo y la gente podría haber contemplado nuestros hígados y hablar de ellos diciendo cosas como:–oh, qué higado más bonito tienes cariño! o –el tacto de tu hígado me hace estremecer, o –anoche tu hígado estuvo genial con aquellos gin-tónics, qué bien se deshizo de ellos, qué filtrado excepcional. Pues sí este amigo es un amigo organizado, fiel, que no se queja aunque le hagas daño, aunque te hagas boxeador y caigas por K.O. en el ring de tu vida, él va a seguir ahí sin decirte nada. Desgraciadamente algunos hígados, que no pueden hablar con sus dueños, llegan a una fase de saturación tal que envían señales cirrostáticas para ver si éstos son capaces de darles más cariño en forma de sopitas de miso y algas y abandonar los destilados escoceses.

No hay comentarios:

Publicar un comentario