sábado, 16 de mayo de 2020

Ejercicio estilo


Nos perdimos, dice mi madre cada vez que escucha una canción en francés. Aleja sus ojos por los cristales sucios de la lluvia pasada.
Pasa la nube lenta y dice: ¡una ballena, ahora una paloma, el mapa de Italia!, mientras se desvanece. Mira la calle, y entre paréntesis piensa, la miro, no sé qué pienso.

Nos perdimos, dice mi madre cada vez que ve a un nieto jugar con su anillo de casada, todavía entre sus dedos, como el tesoro de aquella isla que leía, cuando leía.

Nos perdimos, dice mi madre al entrevistador de la televisión, ella sigue la conservación, comenta la respuesta incoherente de algún observador de la realidad. Y dice mi madre: que poco le queda al pobrecico.

Nos perdimos, dice mi madre en su decadencia, pienso en la mía que nunca se ha ido entre estos vestidos que con elegancia y banalidad
llevo, pienso en su decadencia que se eleva sobre el cielo de la ventana.

Nos perdimos dice mi madre, cuando nos perdimos de verdad y no quisimos darnos cuenta, ella que sabe. ¡Porque no funciona el GPS! ¡Maldita sea! No blasfemes, me reprende, tranquila, sentada en la parte trasera de mi último modelo.

Nos perdimos, dice mi madre cuando pago en el supermercado: dales algo que hagas con tus manos, por el kilo de zanahorias.

Mi madre se pierde, se queda quieta en silencio, en el centro del pasillo de los lácteos y dice: hace frío ¿No estamos en agosto, hijo?

Mi madre se pierde mirando muros pintados, entre pájaros, rostros y frases hechas. Es así como se lucha ahora madre. Como siempre hijo, como siempre.

Mi madre se pierde fatigada con la mirada lejana, mientras veo una pequeña lágrima que nubla la ciudad.

Nos perdimos, dice mi madre, me perdí si saber regresar, las estrellas se fundieron aquella noche.
Hace tiempo que dejé de pagar el recibo de la luz.

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