lunes, 14 de octubre de 2019

PROPUESTA 2. EL GENIO


EL GENIO

El día que maté a Rafa recibí la llamada de su entrenador.
Había practicado tantas veces a lo largo de 7 años esa conversación que arranqué con mi discurso casi antes de que él me anunciara la noticia. Entre la rabia y las lágrimas que percibía en su tono, resonó en mis oídos la frase que iba a cambiar radicalmente mi vida. En 20 días empezaba la Copa y yo era el siguiente en la lista de los mejores. 
Rafa era el primero. Y yo, el segundo. El que jugaría en su lugar y lideraría el equipo. 
Salvo las dos finales que perdí contra él, había ganado todos los partidos jugados en los últimos dos años. Y ahora ésto. Desde luego, estaba en racha.
Guardé silencio unos segundos para disfrutar del momento y después de fingir una profunda tristeza le agradecí su confianza asegurándole que trabajaría duro, que no se arrepentiría.
Después de 7 años de manos estrechadas ocultando la humillación, soportando en silencio los exagerados elogios en los medios, en la opinión pública y hasta en mi  entorno familiar hacia cada gesto suyo, cada discurso, cada excentricidad del genio, por fin había llegado mi momento.
Sí, puede que su muerte me diera un poco de pena y puede incluso que hasta me cayera bien y que sintiera una profunda admiración por su revés, pero después de toda una vida pegado a una raqueta renunciando a tener una existencia normal ¿acaso no merecía yo también un momento de gloria antes de mi retirada?.
Me sobresaltó la voz de Rafa deseándome suerte desde su banquillo.
Cerré de nuevo los ojos por un segundo, respiré hondo y me preparé para sufrir de nuevo una lenta y agónica muerte en 3 sets.
Al menos en mi sueño él sólo moría una vez.

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