lunes, 14 de octubre de 2019

Desagravio


Al abrigo del granado, agachado, abrigó la esperanza de escapar del agarre de su asesino.
Lentamente se desangraba. No gritó. No había lágrimas. Ni siquiera un gruñido. Abotargado sentía el agarrotamiento de sus miembros. Rígidas las manos, trataba de alargar los dedos sin lograrlo. Bajo los párpados se extendió una gruesa tela. Sentía su piel pegarse a sus huesos. Se vaciaba. Su contenido se descargaba y se extendía a su alrededor. Él que siempre anduvo erguido, orgulloso de su grupa, ahora renegaba de su negra fortuna.
Durante años en la élite, con un pasado egregio, era la envidia de sus adversarios. Agraciado en su porte, grácil al tiempo que enérgico en sus movimientos, nunca había dejado a nadie indiferente. Generoso en sus ademanes grandilocuentes, se regocijaba y regodeaba de las derrotas ajenas. Sumaba victorias como enemigos se iba granjeando.
En otros tiempos engreído, quien otrora fuera un aguerrido jugador, era ahora ingerido por un ejercito de hormigas. Grotesco final para el regente de las pistas de tenis.

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