Ahí está ella. El sol parece salir detrás del alambre que le sostiene los dientes. Molares bailarines y rebeldes que los dentistas quieren sujetar pero no pueden.
Me imagino que sus besos tendrán sabor a helado de frutilla, o chicle, o vainilla. Me imagino que acerco la cara tanto que huelo su nariz, y entrecierro los ojos y se difuminan sus pecas. Me imagino que tiemblo.
Se me pega el ombligo a la espalda cuando inspiro y me acerco. Su boca de canela me humedece, y se abrazan y se tejen nuestros alambres rebeldes, se anudan las gomitas y bailan nuestros dientes.
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