Donde pongo el ojo…
Abro un ojo y veo mi culo. ¡¿Mi culo?!. ¡¿Cómo es posible?!.
No puede ser. Voy a cerrar el ojo y abrirlo de nuevo. Sí, eso será lo mejor.
Lo cierro, respiro hondo, cuento hasta diez y lentamente
abro un ojo y después el otro. Y de nuevo, enfrente de mí, los dos mofletes de
mi culo, como si de una gran risa se tratara. ¡¿Qué coño es esto?!. ¡¿Y dónde
están mis manos?! Siento que se mueven pero no las localizo. Estoy empezando a
hiperventilar. Veo una bolsa de papel y trato de llevarla a la boca pero,
¿¡dónde mierda está!?
No puede ser, esto es una broma pesada y ¡no tiene ni
puta gracia!.
Está bien, tengo que tranquilizarme. Todo esto debe ser
una alucinación provocada por el viaje. Pero no, mi culo sigue ahí. Debo haber
hecho algo mal, aunque juraría que he seguido las instrucciones al pie de la
letra. En estas cosas soy muy meticulosa y nunca dejo nada al azar. Quizás los
cálculos….Sí, ha debido ser en el cálculo del arcoseno del ángulo de impacto.
Si ya me lo decía mi madre: ¡no entiendo cómo puedes ver
la televisión y hacer los deberes a la vez!, así es imposible concentrarse. Y
yo que nunca le hice caso, ni en eso ni en nada, pues así he acabado, pudiendo
lamerme el culo. ¡Seré desgraciada!.
Yo solo quería viajar en el tiempo, encontrar a mi yo
adolescente y darle unas pequeñas instrucciones. Y ahora, ¡qué cojones le voy a
decir!,
-¡Hola yo!, que vengo del futuro para avisarte y
prepararte para la vida.
Pero ¿qué vida?. Va a pensar que mejor se muere o me
muero o qué se yo.
Esto tengo que solucionarlo. Sí, seguro que hay una
manera de revertir el proceso. Solo tengo que encontrar mi mano derecha y
localizar el botón de propulsión del teletransportador. Si no recuerdo mal,
junto a la consola de lanzamiento hay una pequeña palanca para situaciones de
emergencia. Pues esta es una, ¡y de las gordas!.
Me concentro, y trato de localizar mi dedo índice de la
mano derecha. Boca abajo y con el culo enfrente no resulta tarea sencilla. Y la
cosa se complica al tratar de moverlo hacia delante. Porque ¿dónde es
adelante?. Tras tocarme varias veces la nariz parece que he acertado a darle a
la dichosa palanca. Como si de una centrifugadora se tratara todo empieza a
girar descontrolado a mi alrededor, desaparece y se funde a negro.
¿Qué hago?, ¿abro los ojos?. No, esta vez mejor me toco
primero. Todo parece estar en su sitio. Respiro aliviada. Sí, ya puedo abrir
los ojos.
-
¡Aaaaaggghhhh! ¡Mamá hay un arañón en mi cuarto!.
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