Ya está oscuro, podría ser cualquier hora entre las 21h y las 23h de un sábado, da lo mismo; por la orilla del Thamesis a la altura del South Bank, la rive gauche del Sena o el río Turia por Pont de Fusta, da igual, lo importante es que Me encontré.
Ahí estoy yo, Ana, en algún mes del año 1997, en el que ya refresca. Soy una chica menuda e invisible, visto vaqueros, chaqueta de pana marrón y aquel top gris que usaba con autentica devoción, si es que se puede ser devoto de una prenda de vestir; para culminar mi indumentaria, al cuello llevo un viejo pañuelo de gasa fucsia con brillantitos plateados comprado en un montón de ropa por cien pesetas, que yo adoro, perdón: adoraba; bueno, que esa Yo adora.
Llevo el pelo recogido en una coleta que me he hecho sin mirarme al espejo; pelo, largo hasta los hombros y castaño, aunque sin una sola cana, podría ser perfectamente gris, en su forma y su tono nada vibra. A pesar de que la ropa es de diferentes colores, la escena podría ser la de una foto en blanco y negro movida.
Observo a unos doscientos metros Mi deambular, camino como una sonámbula pero se que en esa cabeza no hay sueños sino pensamientos. Me paro y miro el cielo de Londres, París y Valencia a la vez, porque para Mi es el mismo, a juzgar por mis idas y venidas de los últimos meses, un solo cielo ligeramente iluminado por las farolas de las ciudades.
Las dos nos quedamos mirando el agua del río y al levantar la vista, ante nuestras miradas se produce una especie de espejismo en el que se ve simultaneamente la gigantesca Noria junto a Houses of Parlamente, Notre Dame y las Torres de Serrano.
Permanecemos quietas, admirando el espectáculo, asumiendo con naturalidad que eso no es real, porque sabemos que somos capaces de crear eso y luego devolverlo a su lugar.
Permanecemos quietas, admirando el espectáculo, asumiendo con naturalidad que eso no es real, porque sabemos que somos capaces de crear eso y luego devolverlo a su lugar.
Me ha costado mucho llegar hasta aquí, tengo una misión. Al ver a Ana en estado contemplativo, me siento enfurecer, así que corro con todas mis fuerzas hacia ella y le doy un buen empujón con las manos. Ana pierde el equilibrio y queda unos segundos tambaleándose, cree que va a caer, pero finalmente se recupera haciendo una pirueta con piernas y brazos y consigue permanecer de pie.
-“DESPIERTA” le digo.
Ana se me queda mirando conmocionada por la situación, ante ella una mujer de edad indefinida, bien vestida y maquillada, con corte de pelo impecable lleva unos tacones que maneja como si caminara plana. Va muy erguida, sus labios contienen una sonrisa a punto de asomar a cada minuto, su mirada es directa e intensa como una interrogación. Le hablo como, Pilar Calvo, la profesora de Historia que tanto le asustaba, así que se me queda mirando con atención por si fuera ella, que ha ido a buscarla con el único objetivo de interrumpir sus ensoñaciones. A continuación suelta un minúsculo: “perdone”.
- Ana, ¿que haces aquí parada?, eres una tía increible, lo sabías? No puedes estar tan parada. Muevete. Tu puedes moverte, tu puedes hacer muchas cosas, muchas más de las que imaginas.
Ana se me queda mirando, intentando comprender y parece reconocerme:
-Perdone, usted parece yo... dice Ana sin creer que esas palabras estén saliendo por su boca
Esa actitud endeble me hace sentir totalmente desalentada y lejos de mí misión. Me quedo parada un momento y pienso "vamos, vamos, vamos, se que hay alguien ahí dentro, se que ahí dentro estoy Yo"
-Si, guapa, Yo soy Tu muchos años después de ahora, me ha costado un monton encontrar la manera de hablarte
Ana, aliviada al descubrir que no se trata de Pilar Calvo, ni de ninguna perturbada que quiere robarle el reloj, que solo se trata de su Yo futuro venido en un viaje en el tiempo, se anima a conversar conmigo con soltura y despreocupación y empieza a tutearme.
-¿En serio?, se me queda mirasomos iguales pero tu molas mucho y yo no molo una mierda. ¿Es esto un deja vu del futuro? Los he tenido antes, me inquietan y me agradan a partes iguales. Si es así eres la mujer que quería ser.
Esa actitud endeble me hace sentir totalmente desalentada y lejos de mí misión. Me quedo parada un momento y pienso "vamos, vamos, vamos, se que hay alguien ahí dentro, se que ahí dentro estoy Yo"
-Si, guapa, Yo soy Tu muchos años después de ahora, me ha costado un monton encontrar la manera de hablarte
Ana, aliviada al descubrir que no se trata de Pilar Calvo, ni de ninguna perturbada que quiere robarle el reloj, que solo se trata de su Yo futuro venido en un viaje en el tiempo, se anima a conversar conmigo con soltura y despreocupación y empieza a tutearme.
-¿En serio?, se me queda mirasomos iguales pero tu molas mucho y yo no molo una mierda. ¿Es esto un deja vu del futuro? Los he tenido antes, me inquietan y me agradan a partes iguales. Si es así eres la mujer que quería ser.
-Y lo serás, pero no me dejes a mi todo el trabajo, te lo pido por favor. Estoy agotada de hacer todo lo que tu no hiciste; es demasiado. A veces es muy divertido, pero es extenuante y, en ocasiones, totalmente fuera de lugar para una mujer de mi edad y según que cosas. Hazlo, diviértete tu, aquí, ahora. De verdad, que vale la pena. Estoy cansada de ser joven por ti, pero no puedo parar- estalla en una enorme carcajada- voy en pendiente y sin frenos.
A continuación, Ana observa como yo saco del bolsillo una especie de tableta pequeña, negra y fina, y como al tocarla se ilumina y de ella empiezan a salir pitidos a lo que yo reacciono con varios gestos, una sonrisa, un movimiento de cabeza y una carcajada. Levanto la vista y le digo:
-Huy, me tengo que ir, digo sonriendome y pensando que tal vez no esta tan mal vivir Su juventud, no puedo perderme esto… hablamos otro rato, bye.
Ana se queda unos momentos en el mismo punto donde la encontré, levanta la vista y ya no hay noria, ni Notre Dame, ni agua en el río, pero las Torres de Serrano permanecen.
Se gira y se va para casa de sus padres a tomar notas de lo que ha ocurrido y escribir una historia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario