martes, 7 de enero de 2020

Relato de terror navideño: Aullando a la luna

Paseas a tu perra, por la calle, de noche, con los cascos puestos… escuchas tu canción favorita a tope de volumen y te falta nada para ponerte a bailarla “Sheeena is a punk rocker, Sheeeeena is a punk rocker...”, piensas que no pasa nada por bailar un poquito, hoy no hay ni Dios en la calle... y acto seguido sueltas la cabeza y te sonries, detras de la cabeza van los brazos y los pies y te marcas un baile con despreocupación, pasándote la correa de tu perra de una mano a la otra; a las luces de las farolas se suman las luces de Navidad que invaden las calles desde hace un mes y esta calle de tu barrio se convierte en tu escenario particular, te pones junto a Joey Ramone y cantas a dúo, imitando sus gestos, su actitud de seryonomecuestanadaylagenteseflipaconmigo... al poco te paras recordando donde estás, y echas un vistazo rapido por si alguien te ha pillado dejándote llevar. Aunque no crees que vaya a pasar nadie, ni coches ni personas un 24 de diciembre a las diez y media de la noche… la vida no está hoy aquí; esta tras las ventanas iluminadas de los edificios. Ellos contienen la luz, el calor,el bullicio, el ruido amortiguado que te llega como de otra dimensión y tu hoy no perteneces a ella. Destellos y estruendos que estallan en el interior de las figuras geométricas alargadas, que una junto a la otra se alinean a los lados en tu calle y vibran de personas conviviendo, como enormes altavoces que cantan tu canción.

Siempre te has considerado una tía independiente; nunca has tenido miedo a caminar sola por la calle a pesar de lo que se escucha en las noticias; nunca pensaste que algo malo te podía pasar por caminar de noche, sola, por la calle de ninguna ciudad; ni de esta ni ninguna otra del mundo; aquí, en la China o en Brasil: “caminar de noche sola sobre el asfalto” no lo consideras una actividad de riesgo. Otra cosa sería caminar sola de noche por el monte: eso si lo encuentras inquietante, tambien encuentras inquietante los bordes, estar al borde de algo y la posibilidad de caer aunque estes a tres palmos del suelo, los objetos afilados y punzantes, los hospitales, los mocasines marrones, algunas miradas… la Oscuridad, la oscuridad absoluta que te impide ver.

Pero para tí la calle es libertad y hoy te sientes especialmente libre porque es el día de los compromisos familiares y personales por definición y tu no los tienes.
Mama esta invitada a pasar la Navidad en Madrid con los tíos y los primos, tu hermano, su mujer y tus sobrinos tambien se han ido. Nadie quiere pasar la nochebuena en el comedor de casa este año. La anterior papá ya estaba muy mal y revivir su imagen sentado en el sofa, en pijama, echándole un pulso a sus últimas Navidades hubiera sido como mínimo insoportable. Así que el día 20 todos hicieron las maletas y se fueron, arrastrando los trolley con entusiasmo, parloteando de todas las cosas divertidas que iban a hacer y las cosas interesantes que iban a ver, con cierto nerviosismo y caminar apresurado por si las fiestas les alcanzaban en casa, en el comedor de casa, y ya no les daba tiempo a escapar.
Su viaje también te ha liberado a ti, de lo mismo, pero no has tenido que dar un paso, aunque sientes el mismo alivio, te quedas en tu casa. Este año el comedor de casa de tus padres se queda vacío, en penumbra, pero quien sabe si en él, tu padre y los que érais el año pasado volvereis a celebrar esa última nochebuena hoy.
Tu madre no ha podido insistir porque trabajas prácticamente todos los días de las fiestas, debido a que te piras de viaje conforme entre el 2020 y necesitabas los días. En otras circunstancias hubiera protestado por este gesto de desapego, pero ha callado y respetado tu decisión, solo por no tener que hablar de como estais afrontando la muerte de papá.
Y así es como has llegado a esta extraordinaria situación: vas a pasar el solsticio de invierno como te plazca.
Te has propuesto celebrar la noche, el plan consiste en deambular un rato con tu perra por la calle desierta, subir a casa, picotear, escuchar música, arreglarte para salir y divertirte hasta que una de las noches mas largas del año llegue a su fin, saboreando cada uno de sus minutos.

Te plantas en tu portal, mientras tu cabeza se mueve a ritmo de Howling at the moon, abres la puerta y haces pasar a la perra. Vives en un edificio pequeño y antiguo, de cuatro plantas desde hace no llega al año y no sabes si estarás mucho más, porque está para rehabilitar; el vecindario tambien está para rehabilitar, la media no baja de los 60 años y eso porque estás tú. Imaginas que Julián y Pepa, los únicos vecinos que se han quedado estos días, o se han acostado o estan a punto de hacerlo, porque todo permanece en silencio, el único edificio de tu calle que no vibra.
Tiras mano al interruptor del rellano, pero este no enciende nada y recuerdas que era uno de los puntos del orden del día en la reunión de la Comunidad: si no se pagaban los recibos, en breve se dejaría de tener luz en los rellanos, asi que no insistes, sueltas a tu perra para no tropezar con la correa y mientras le acaricias la cabeza susurras “ve a casa Cosette!” y subes lentamente, palpando la pared desconchada, con el corazón a mil, con la única luz que entra por los ventanuco de la escalera, los tres pisos que te llevan a casa.

Miras el mobil por si ha habido cambio de planes, pero no hay movimiento en el wasap.

Dos horas despues ya estás en la calle, la puerta del portal se cierra tras de ti con estruendo. Estas deseando comerte la noche, tienes hambre de diversión tras tu largo periodo de entrega al trabajo y la biblioteca; levantas la cabeza, miras al cielo y le interrogas, como si así pudieras saber como se te va a dar. Se ven nubes, algo de claridad pero no luna ni estrellas.

Otra vez echas una ojeada al mobil. “Sin novedades” te dices, así que echas a caminar hacia el lugar de la cita, con paso decidido y entusiasta, si es que los pasos pueden transmitir entusiasmo, mientras haces sonar los tacones.
El plan después del segundo examen era “salir a liarla”, habíais decidido por unanimidad con tus compañeras de reclusión en la biblioteca. Y este plan requería de la indumentaria apropiada: se había acordado tacón, minifalda y escote, la que más acorde a la noche de juerga planeada fuera, sería invitada por las demás.
Has cumplido a rajatabla, pareces recién sacada de un video de reaggeton de la MTV; en el maquillaje también te has empleado a fondo y estas deseando encontrarte con tus amigas para revisar atuendos.

Por fin llegas a la Plaza de la Virgen, y te apoyas en la fuente. Has hecho todo el trayecto sola, sin ver ni un alma, solo te han acompañado los ruidos amortiguado de las fiestas, pero hemos dicho que tu hoy perteneces a otra dimensión. Solo ha pasado un coche, cuando ibas por la orilla del río, del que han sacado la cabeza unos tíos, como una manada de lobos con hambre de meses, gritando como locos y te han dicho una serie de obscenidadespornograficascargadasdeviolenciaydesprecio, que te han hecho erizar el vello de todo el cuerpo. Has podido disimular tu espanto, les has sacado el dedo con falsa indolencia y has conseguido mantener la actitud hasta que el coche se ha perdido por la curva que lleva a Capitanía. En ese momento, tu cuerpo erguido se desmorona y te cruzas con fuerza la chaqueta... entonces te acuerdas que no te da miedo caminar sola por la calle de noche, pero siempre te ha acojonado ese tipo de tío, el que iba en el coche, descerebrado, violento, prepotente... te has arrepentido un poco de la ropa que has elegido e intentas recordar de quién fue la idea. "Afortunadamente, el coche iba rápido, ha pasado de largo y has seguido tu camino" piensas. 

Ya pasan 15 minutos de la hora y no hay movimiento en el wasap.

Empiezas a revisar la barra de menu y te das cuenta de que has estado sin datos. Intentas reactivarlo sin éxito y en ese momento llegan a la plaza tres tíos, se quedan mirándote en una una esquina y hablan entre ellos y fines que no les has visto, para que pasen de largo o se vayan, y continuas escrutado el mobil, intentando averiguar porque motivo estas sin datos, hasta que consigues reactivarlos. Respiras aliviada esperando que entre cualquier información de tus amigas y al levantar la mirada ves que los tres tíos vienen directos hacia ti.
Te pones alerta y mientras empiezas a buscar posibles respuestas a lo que te puedan decir, tiras mano del mobil e intentas averiguar cuándo van a venir tus amigas o que cojones ha pasado con la cita, pero los wasap no entran ni salen, imaginas que por la noche que es.
Te preparas para "recibirlos" con una sonrisa de despreocupación para a continuacion darles un buen corte, "que no puedan oler el miedo" te dices.... pero esta no llega a asomar porque al verlos más de cerca te das cuenta de que son exactamente los tíos del coche que hace media hora pasaban gritándote.
Te quedas muy quieta, rígida, mientras se acercan cada vez mas. El corazon te palpita hasta doler, empiezas a sentir una presion insoportable en el pecho y en la garganta y sabes que no vas a poder continuar fingiendo indiferencia. Ellos se separan un poco y te rodean y en ese momento estas tan bloqueada que no puedes mirar, ni hablar… y por tu cabeza pasan todas esas noticias que se oyen en los informativos, a las que nunca prestaste atención, porque pensabas que algo así no te podía pasar… Sabes que te estan hablando, pero no oyes, tampoco saldría nada de tu boca para poder contestar, se acercan más y conforme notas la primera mano deslizándose alrededor de tu cintura sientes que tu cuerpo deja de ser tuyo… y entonces tu coco se vuelve al comedor de casa de tus padres y estais todos en plena celebración de nochebuena exactamente igual que el año pasado… y mientras te meten en un coche miras fijamente a tu padre, el se gira y os clavais la mirada el uno al otro. 

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