Cinco
minutos.
No tengo
claro a dónde voy pero se que es urgente que llegue. Miro el reloj, son las 5:15.
Miro la gente parada en el tren, sus caras de abstracción y hartazgo, nadie
viaja en “El Sarmiento” por gusto. Mierda, tomé la línea que va para el otro
lado. Me tengo que bajar. Empujo a la gente que empuja, llevo los antebrazos
frente a mi cuerpo como si se fuera a estrellar un avión para poder bajar del
tren. Bajo. No veo la hora pero se que es tarde, se que no llego. Corro para cambiarme
de andén, corro tan rápido como puedo pero no llego a tiempo, el tren se me
escapa en la puerta de la nariz. Sigo corriendo
Cinco
minutos más.
Voy
caminando por una calle oscura. Tengo la nariz roja y me duelen las orejas como
siempre que hace frio. La sospecha me toca la nuca. Se que hay alguien que
viene caminando atrás mío. Acelero el paso. Él acelera el paso. Corro. Él corre.
Quiero correr más fuerte, hasta que las piernas se me despeguen del cuerpo,
pero no puedo. Las piernas me pesan, una tonelada parece. Intentar despegar el talón
del asfalto me duele. No puedo correr y ya me alcanza. Hago muecas de dolor,
intento doblar la rodilla
Bueno
podría estirarlo 10 más.
-
Mamá
no me digas que vas a volver con papá, ¿Vos estás loca? ¿Perdiste la memoria?, no
quiero mamita por favor, él no va a cambiar más.
Veo que mi
madre se incorpora y se tira para delante de la mesa como intentando dar una
respuesta. Un hombre sale por atrás de ella, un hombre que no reconozco y me
pregunta
-
¿Así
querés ver a tu madre?
Al mismo
tiempo que la toma de la barbilla y le tuerce la cabeza hacia su hombro para
dejarle al descubierto el cuello. Saca una aguja con un hilo grueso enhebrado y
le hace una puntada en el cuello, y luego otra, mientras ella llora de dolor. Se
que mi padre lo mandó
Mierda. Que
feo eso. ¿Cuánto tiempo me queda?
Me encuentro
parada en la terraza de alguna de las casas que fue nuestra. El diafragma
pegado a la garganta. Se lo que va a pasar. A veces es glorioso y a veces un
infierno, se lo que va a pasar pero no quiero evitarlo. Respiro. Me insuflo aire
al cuerpo como un fuelle. Me elevo, así en vertical. Más alto, más alto y más
alto. Se achica la terraza, desaparece bajo mis pies la casa, la manzana, San Martín. Parecen fideos las vías del tren. Las luces se pierden y se angostan
sus ecos
Bueno, los
últimos 5.
- ---Hay
algo que tenés que saber. Estás acá y no te lo podemos esconder más. Vos
acordate que te amamos y que si no te dijimos antes es porque no queríamos hacerte
daño. Queríamos que siguieras con tu vida.
Así fue como mi tía decidió que quería decirme
la verdad.
- --- Tu
papá está vivo. En realidad no se murió. Está ahí adentro de la casa. No te
dijimos nada porque sabíamos que ibas a querer venir a cuidarlo. Él no quiso. Hoy lo vas a ver.
Me asomo
con miedo por la ventana que da al comedor. Lo veo, ahí está. Entro despacio,
como si el cuerpo me pesara.
- ---Papi
Alcanzo a
decir con un hilo de voz
Bueno. Está
bien. Ya no puedo postergarlo más. ¿Qué hora es al final?. Ok, voy bien de
tiempo.
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