lunes, 17 de febrero de 2020

Nueva historia sobre mi bombero y miedo



Estaba tumbada en el sofá leyendo un estudio sobre la investigación social como una nueva herramienta contra la lucha de los incendios forestales y otro sobre las actas relativas a la muerte de Raymond Roussel: un relato – investigación sobre la muerte del poeta francés que tuvo lugar en un hotel de Palermo por sobredosis según el informe oficial.



Sonó el móvil, el número que apareció en la pantalla no lo tenía registrado, pero lo reconocí, esperaba la llamada.

Sabía que aquello era una vuelta al pasado, a una época difícil. Por un momento dudé en cogerla, pero debía.



- ¿Sí?

-  Hola Lucía

Aquella voz, que cercana me sonaba, por un segundo callé mientras pensaba.

-  Lucia contesta ¿No te acuerdas de mí?

-  Si, si perdona, es que no esperaba tu llamada. – Mentí­­-

Me vino la sensación de haber estado durante años sin vivir y de repente todo el pasado se precipitó delante de mí vista, durante un segundo, en mil pedazos.

-  Hace tres horas que acabo de llegar a Madrid, tengo habitación en el Astoria.    ¿Nos vemos?

-  Como quieras.

- ¿Te viene bien a las ocho y media?

- Vale. Dije

-  Te espero en la puerta del hotel a esa hora.



Otra vez silencio en casa. Salí con el tiempo justo para llegar un poco tarde. Sabía que odiaba la impuntualidad, pero quería robar su tiempo.

Cuando llegué ya había reservado mesa en el restaurante. Era una mesa grande para cuatro comensales, justo en el centro donde todas las miradas convergían, por encima, un gran espejo cubría el techo. 

Nadie nos va a ignorar – Pensé -



Mientras avanzaba, conocía esa mirada, sabía que me observaba con precisión, por eso me acercaba despacio exagerando mis pasos, el vestido se deslizaba despacio por mi cuerpo.

Después de un largo abrazo nos sentamos.

- Ya puede traer el vino – dijo al camarero.

Como siempre tenía que elegir. No podía esperar.

- Sigues igual que desde el bachillerato, se nota que haces deporte, te siente bien tu profesión. ¿O tienes otras pasiones ocultas que te hacen permanecer joven?

- Muchas gracias. Contesté. No, de momento no tengo pasiones ocultas, bastante tengo con mantenerme en pie.



No quise decir nada sobre su aspecto, casi enfermizo, su cara era un puro hueso, se notaba que físicamente estaba muy débil. 

- Tu tampoco te ves mal, dije ¿Qué haces, a que te dedicas? Dije cínicamente

- Adivínalo Lucia

- Pues no sé, puedo creerme cualquier cosa, seguro que es increíble.

- Trabajo en el Vaticano como responsable de las finanzas para América del Sur. Acabo de llegar a Madrid para tomarme unos días de descanso, unas vacaciones, aunque casi obligatorias, me insistieron bastante, mi estado físico no es muy bueno.

- Ya, dije



-  Lucía ¿Entraste por fin en el cuerpo de bomberos? 

- Si, fui de las primeras en la promoción, exactamente la tercera. Al principio solo quería recuperar mi juventud, el tiempo que perdí en el pasado.

Me gustaba hacer ejercicio, ver la tensión de mi cuerpo, sentir el sudor en cada poro, creo que me ha venido bien sentir el atractivo de los demás.

 - ¿Sabes nunca entendí porque quisiste ser una mujer dentro del cuerpo de bomberos y siento decírtelo, pero no creo que fuese por realizar un servicio a la comunidad?

- Es cierto, tienes razón, por aquella época me tomaba cualquier cosa para mantenerme en forma, siempre que no tuviera que realizar algún sacrificio y sobre todo por la humanidad, de la que nunca quise ser un miembro útil.

Pero ahora tengo un buen puesto, viajo bastante, la comunidad me paga bien y todavía me queda algo de aquello… ¿te acuerdas cuando nos invitaron a la fiesta por el aniversario de la embajada albanesa?

- Claro que me acuerdo, vaya gente, sobre de Don Antonio, aquel comandante que lo pillaron en una movida de tráfico de armas. Cuando salió de la cárcel nos contrató para aquel trabajo tan especial. 

-Y no sabes lo que me arrepiento.

- Si, sí, pero no renunciaste al pellizco. Solo pasaste seis meses en la cárcel y luego a disfrutarlo.

- Que bien te acuerdas, dije. Pero el miedo que pasé y que aún persiste. Sabes las cárceles te inundan de realidad por eso son terribles.

- Me acuerdo Lucia, éramos jóvenes, creíamos que lo sabíamos todo, ahora solo sospechamos de todo.



- Bueno ¿Y tú? Ya hemos hablado mucho de mí. 

- Nada Lucía, negocios aquí, allá. Entré en política y en la misma época me casé, me divorcié, la relación se deterioró, hubo otra persona…

- ¿Quién? Dije. Y ¿en qué partido entraste?

La hermana de mi marido y aquello fue un desastre. Resulta que era una sobrina del primer ministro y presidente de la Democracia Cristiana, aquello fue terrible. El caso es que tenía que salvarme de la cantidad de amenazas, aquella sobrina sabía demasiado sobre el partido, pensé que me vendría bien para tener un buen puesto, pero alguien se enteró de lo nuestro, de mis intenciones y cuando la mafia anda por medio lo mejor que puedes hacer es desaparecer, me decidí y entré en un convento, allí suponía que estaría a salvo.

- Joder siempre tan radical, dije para engrandecer su ego, sabía que le gustaba.

- Con mi experiencia no me fue difícil optar a un puesto en el Banco Ambrosiano. No sabes que tranquilidad me proporciona este trabajo. El pasado se quedó colgado de una viga, aunque a veces se tambalea.

- ¿Por qué? 

-  Hace un año el Banco contrató una becaria para que me ayudara como secretaria, tuvimos una relación que estuvo bien, mientras duró. Se fue y lo pasé mal. Pero eso es el pasado y los miedos fortalecen.

- ¿Los miedos?  - dije

-   Si, los miedos a que descubran quién eres de verdad, que no lleves una vida de acuerdo con su sistema y que ellos lo que desean es verte involucrada. Entre estos “ellos”, la vida privada solo pertenece a la organización y no debe ser aireada. Seguro que tú también tendrías miedo de que se enterasen de tu pasado, aunque fuese de un pasado próximo.



- Cuando dijo “ellos” pensé que era una víctima, pero en mi descargo todos lo somos.

La cena se fue prolongando más de lo debido, mientras hablábamos de todo un poco; la miraba y pensaba que a veces la belleza no es solo superficial, había algo hermoso dentro de cualquier aspecto que tengamos.



La luz que reflejaba el espejo sobre la mesa irradiaba una sensación extraña, había una lucha moral dentro de mí, siempre la amé, pero su maldad influía una atracción que superaba sus pocos encantos físicos, la amaba por encima de todo, amaba a esta monja católica, lesbiana, directiva de un banco y que fue amante de una dama de la alta sociedad italiana.



Temblaba cuando se acercó a mi boca, el velo que cubría su cabeza se deslizó sobre su espalda desnuda. 

Seguía siendo rubia. Tan rubia como la primera vez que sentí su color.



Amanecía y seguía pensando en mis inseguridades en mis miedos, volví a sentirme una refugiada en tierra de nadie mientras la luz entraba entre los visillos del ventanal del hotel.



Aquello fue un escándalo que llevó a la clausura de la Logia P2 relacionada con el Banco Ambrosiano y la Ndrangheta.

Después de realizar el trabajo encomendado por los servicios italianos de seguridad. Salí del hotel con todo el odio acumulado en mis venas.



Por la noche las noticias decían que la policía, avisada por los directivos del hotel, encontraron el cuerpo de una monja que ocupaba la habitación 445 y que según el registro de entrada era el de una directiva de un banco de la ciudad del vaticano. Se encontraba acostada sobre un colchón colocado en el suelo. Hasta el momento la policía informa que el caso está bajo el secreto del sumario. La fiscalía junto con la policía prosigue con las investigaciones".


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