Estaba tumbada
en el sofá leyendo un estudio sobre la investigación social como una nueva
herramienta contra la lucha de los incendios forestales y otro sobre las actas
relativas a la muerte de Raymond Roussel: un relato – investigación sobre la
muerte del poeta francés que tuvo lugar en un hotel de Palermo por sobredosis
según el informe oficial.
Sonó el móvil, el
número que apareció en la pantalla no lo tenía registrado, pero lo reconocí,
esperaba la llamada.
Sabía que
aquello era una vuelta al pasado, a una época difícil. Por un momento dudé en
cogerla, pero debía.
- ¿Sí?
- Hola
Lucía
Aquella voz, que
cercana me sonaba, por un segundo callé mientras pensaba.
- Lucia
contesta ¿No te acuerdas de mí?
- Si, si perdona,
es que no esperaba tu llamada. – Mentí-
Me vino la
sensación de haber estado durante años sin vivir y de repente todo el pasado se
precipitó delante de mí vista, durante un segundo, en mil pedazos.
- Hace
tres horas que acabo de llegar a Madrid, tengo habitación en el Astoria. ¿Nos vemos?
- Como
quieras.
- ¿Te viene bien
a las ocho y media?
- Vale.
Dije
- Te
espero en la puerta del hotel a esa hora.
Otra vez
silencio en casa. Salí con el tiempo justo para llegar un poco tarde. Sabía que
odiaba la impuntualidad, pero quería robar su tiempo.
Cuando llegué ya
había reservado mesa en el restaurante. Era una mesa grande para cuatro
comensales, justo en el centro donde todas las miradas convergían, por encima,
un gran espejo cubría el techo.
Nadie nos va a ignorar
– Pensé -
Mientras
avanzaba, conocía esa mirada, sabía que me observaba con precisión, por eso me
acercaba despacio exagerando mis pasos, el vestido se deslizaba despacio por mi
cuerpo.
Después de un
largo abrazo nos sentamos.
- Ya puede
traer el vino – dijo al camarero.
Como siempre
tenía que elegir. No podía esperar.
- Sigues
igual que desde el bachillerato, se nota que haces deporte, te siente bien tu
profesión. ¿O tienes otras pasiones ocultas que te hacen permanecer joven?
- Muchas
gracias. Contesté. No, de momento no tengo pasiones ocultas, bastante tengo con
mantenerme en pie.
No quise decir
nada sobre su aspecto, casi enfermizo, su cara era un puro hueso, se notaba que
físicamente estaba muy débil.
- Tu
tampoco te ves mal, dije ¿Qué haces, a que te dedicas? Dije cínicamente
- Adivínalo
Lucia
- Pues no
sé, puedo creerme cualquier cosa, seguro que es increíble.
- Trabajo en el
Vaticano como responsable de las finanzas para América del Sur. Acabo de llegar
a Madrid para tomarme unos días de descanso, unas vacaciones, aunque casi
obligatorias, me insistieron bastante, mi estado físico no es muy bueno.
- Ya, dije
- Lucía ¿Entraste
por fin en el cuerpo de bomberos?
- Si, fui de las
primeras en la promoción, exactamente la tercera. Al principio solo quería
recuperar mi juventud, el tiempo que perdí en el pasado.
Me gustaba hacer
ejercicio, ver la tensión de mi cuerpo, sentir el sudor en cada poro, creo que
me ha venido bien sentir el atractivo de los demás.
- ¿Sabes nunca entendí porque quisiste
ser una mujer dentro del cuerpo de bomberos y siento decírtelo, pero no creo
que fuese por realizar un servicio a la comunidad?
- Es cierto,
tienes razón, por aquella época me tomaba cualquier cosa para mantenerme en
forma, siempre que no tuviera que realizar algún sacrificio y sobre todo por la
humanidad, de la que nunca quise ser un miembro útil.
Pero ahora tengo
un buen puesto, viajo bastante, la comunidad me paga bien y todavía me queda
algo de aquello… ¿te acuerdas cuando nos invitaron a la fiesta por el
aniversario de la embajada albanesa?
- Claro que
me acuerdo, vaya gente, sobre de Don Antonio, aquel comandante que lo pillaron
en una movida de tráfico de armas. Cuando salió de la cárcel nos contrató para
aquel trabajo tan especial.
-Y no sabes lo
que me arrepiento.
- Si, sí,
pero no renunciaste al pellizco. Solo pasaste seis meses en la cárcel y luego a
disfrutarlo.
- Que bien
te acuerdas, dije. Pero el miedo que pasé y que aún persiste. Sabes las cárceles
te inundan de realidad por eso son terribles.
- Me acuerdo
Lucia, éramos jóvenes, creíamos que lo sabíamos todo, ahora solo sospechamos de
todo.
- Bueno ¿Y tú?
Ya hemos hablado mucho de mí.
- Nada Lucía,
negocios aquí, allá. Entré en política y en la misma época me casé, me
divorcié, la relación se deterioró, hubo otra persona…
- ¿Quién? Dije.
Y ¿en qué partido entraste?
La hermana de mi
marido y aquello fue un desastre. Resulta que era una sobrina del primer
ministro y presidente de la Democracia Cristiana, aquello fue terrible. El caso
es que tenía que salvarme de la cantidad de amenazas, aquella sobrina sabía
demasiado sobre el partido, pensé que me vendría bien para tener un buen
puesto, pero alguien se enteró de lo nuestro, de mis intenciones y cuando la
mafia anda por medio lo mejor que puedes hacer es desaparecer, me decidí y
entré en un convento, allí suponía que estaría a salvo.
- Joder
siempre tan radical, dije para engrandecer su ego, sabía que le gustaba.
- Con mi
experiencia no me fue difícil optar a un puesto en el Banco Ambrosiano. No
sabes que tranquilidad me proporciona este trabajo. El pasado se quedó colgado
de una viga, aunque a veces se tambalea.
- ¿Por
qué?
- Hace un
año el Banco contrató una becaria para que me ayudara como secretaria, tuvimos
una relación que estuvo bien, mientras duró. Se fue y lo pasé mal. Pero eso es
el pasado y los miedos fortalecen.
- ¿Los
miedos? - dije
-
Si, los miedos a que descubran quién eres de verdad, que no lleves una vida de
acuerdo con su sistema y que ellos lo que desean es verte involucrada. Entre
estos “ellos”, la vida privada solo pertenece a la organización y no debe ser
aireada. Seguro que tú también tendrías miedo de que se enterasen de tu pasado,
aunque fuese de un pasado próximo.
- Cuando dijo
“ellos” pensé que era una víctima, pero en mi descargo todos lo somos.
La cena se fue
prolongando más de lo debido, mientras hablábamos de todo un poco; la miraba y pensaba
que a veces la belleza no es solo superficial, había algo hermoso dentro de cualquier
aspecto que tengamos.
La luz que
reflejaba el espejo sobre la mesa irradiaba una sensación extraña, había una
lucha moral dentro de mí, siempre la amé, pero su maldad influía una atracción
que superaba sus pocos encantos físicos, la amaba por encima de todo, amaba a
esta monja católica, lesbiana, directiva de un banco y que fue amante de una
dama de la alta sociedad italiana.
Temblaba cuando se
acercó a mi boca, el velo que cubría su cabeza se deslizó sobre su espalda
desnuda.
Seguía siendo
rubia. Tan rubia como la primera vez que sentí su color.
Amanecía y
seguía pensando en mis inseguridades en mis miedos, volví a sentirme una
refugiada en tierra de nadie mientras la luz entraba entre los visillos del
ventanal del hotel.
Aquello fue un
escándalo que llevó a la clausura de la Logia P2 relacionada con el Banco
Ambrosiano y la Ndrangheta.
Después de
realizar el trabajo encomendado por los servicios italianos de seguridad. Salí
del hotel con todo el odio acumulado en mis venas.
Por la noche las
noticias decían que la policía, avisada por los directivos del hotel,
encontraron el cuerpo de una monja que ocupaba la habitación 445 y que según el
registro de entrada era el de una directiva de un banco de la ciudad del
vaticano. Se encontraba acostada sobre un colchón colocado en el suelo. Hasta
el momento la policía informa que el caso está bajo el secreto del sumario. La
fiscalía junto con la policía prosigue con las investigaciones".
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