Otro cadáver (tema: “camioneta roja
que no tuve”)
Roja casi negra. El barro llenaba todas las ruedas
Firestone. El salpicadero estaba lleno de quemaduras.
Un golpe seco me hace
frenar rápidamente. Al abrir la puerta asomo la cabeza temerosa y descubro una
sartén atrapada en la rueda trasera.
Tres horas más tarde todavía estoy pensando cómo voy a
explicárselo al de la grúa cuando venga.
-- Agente, por favor,
no puedo mover el vehículo —
-- ¿Cómo se le ocurre
cruzar la camioneta en plena calle Colón? —
-- No he sido yo, la camioneta
en realidad no es mía. Me la han dejado y cuando he salido del aparcamiento me
he encontrado con una sartén de titanio en la rueda trasera y ya era demasiado
tarde —
-- La broma le va a
costar trescientos pavos —
-- De eso nada, no pienso
pagar ni un céntimo —
-- Le estoy
escribiendo una recetita ya… --
-- ¡Pues la OCU se va
a enterar…! —
Me despierto y me doy cuenta de que todo es un sueño. Nunca
tuve ni deseé una camioneta pick-up roja. La de Clint Eastwood, en Los Puentes de
Madison, esa sí me gustaba y era verde oscuro.
(Nota: El cambio de tipografía normal a cursiva señala el
cambio de autor.)
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