Ejercicio bombero y miedo
La fiesta se hacía larga, estaba cansada, pero
era el cumpleaños de mi hija, vino toda la familia, hacía tiempo que
no sabía nada de ellos.
Dieciséis años y dentro de una semana se marchará
de casa, se independiza la niña, como dice su abuela.
Han pasado diez días, ahora de nuevo con miedo a
la soledad.
Estoy tumbada en el sofá, mientras leo suena el
móvil. El número que aparece en la pantalla no lo tengo registrado, no suelo
coger esas llamadas, pero en esta ocasión lo hice por mitigar el silencio.
Reconocí la voz, era más que familiar y por un
momento dudé. Sabía que aquello era una vuelta al pasado, a una época difícil.
-
¿Sí?
-
Hola
Lucía
Aquella voz, que cercana me sonaba, por un
segundo callé.
Otra vez no.
-
Lucia
contesta ¿Te acuerdas de mí?
-
Si,
perdona, es que no me esperaba tu llamada.
-
Hace
tres horas que acabo de llegar, estoy en el Astoria. ¿Nos vemos?
-
Como
quieras, pero no tengo nada en casa que ofrecerte tengo la nevera vacía.
-
No
importa, salimos a tomar algo por la zona del hotel. ¿Te viene bien a las ocho
y media?
-
Vale.
-
Te
espero en la puerta a esa hora.
Otra vez silencio en casa. Salí con el tiempo
justo para llegar un poco tarde.
Había reservado mesa en el restaurante. Una
mesa grande para cuatro comensales, justo en el centro donde todas las miradas
convergían, por encima, un gran espejo cubría el techo.
Avanzaba hacia la mesa mientras se iba levantando muy despacio observándome
con precisión.
Después de un largo abrazo nos sentamos.
-
Ya
puede traer el vino – dijo al camarero.
Como siempre tenía que elegir. No podía
esperar.
-
Sigues
igual que desde el bachillerato, se nota que haces deporte, te siente bien tu
profesión.
-
Muchas
gracias. Contesté.
No quise decir nada sobre su aspecto la cara era
casi un hueso, físicamente muy débil, con un aspecto casi enfermizo.
-
Tu
tampoco te ves mal ¿Qué haces, a que te dedicas?
-
Adivínalo
-
Pues
no sé, no se me ocurre nada, nunca te he visto trabajar, supongo que tendrás
negocios lucrativos.
- Trabajo
en el Vaticano como responsable de las finanzas para América del Sur. Acabo de
llegar a Madrid, me he tomado unas vacaciones.
Lo suponía pensé.
-
¿Entraste
por fin en el cuerpo de bomberos?
- Con bastante esfuerzo -se rio- lo pasé bastante mal, pero era una opción
personal para superar bastantes miedos. Al principio solo veía músculos en
tensión, que sudaban, que me rozaban con cualquier excusa, menos mal que solo fueron
las prácticas luego, ¿cómo supongo que sabrás? a todo te acostumbras.
Fue duro ser la primera mujer que optaba a entrar en el cuerpo.
Pero ahora tengo un
buen puesto, viajo bastante, la comunidad me paga bien,
y todavía me queda algo de aquello.
Volvió a reírse
- ¿Nunca entendí porque quisiste pertenecer al cuerpo de bomberos?, siento decírtelo, pero no
creo que fuese por realizar un servicio a la comunidad.
-
Es
cierto tienes razón, ya sabes que eso del sacrificio por la humanidad nunca fue
conmigo. ¿Por qué me tengo que preocupar por la humanidad, acaso ella se
preocupa por mí? La verdad es que … ¿te acuerdas cuando nos invitaron al primer
guateque?
-
Claro
que me acuerdo, vaya gente, sobre de Don Antonio, aquel comandante que lo
pillaron en una movida de tráfico de armas. Cuando salió de la cárcel ¿te
acuerdas? nos contrato para aquel trabajo tan especial.
-
Y
no sabes lo que me arrepiento.
-
Si,
sí, pero no renunciaste al pellizco que te llevaste. Solo pasaste seis meses en
la cárcel y luego a disfrutar.
-
Que
bien te acuerdas, dije. Pero el miedo que pasé aún persiste.
-
Bueno
¿Y tú? Ya hemos hablado mucho de mí.
-
Nada,
negocios aquí, allá.
Después de aquello me
casé, me divorcié, la relación se deterioró, al poco tiempo me enamoré de otra
persona…
-
¿De
quién?
-
De
su hermana y aquello fue un desastre. El caso es que tenía que aclararme y entré
en un convento.
-
Joder
siempre tan radical
-
Estos
hábitos esta túnica que ves solo son puro teatro, con mi experiencia no me fue
difícil optar a un puesto en el banco del vaticano. No sabes que tranquilidad
me proporciona este trabajo. El pasado se quedó pendiente colgado de una viga, aunque
a veces se tambalea.
-
¿Por
qué?
-
Hace
un año el Banco contrató una becaria para que me ayudara como secretaria, el
caso es que tuvimos una relación que estuvo bien, mientras duró. Se fue y lo
pasé mal. Pero eso es el pasado y los miedos fortalecen.
-
¿Los
miedos? - dije
-
Si,
los miedos a no llevar una vida de acuerdo con las creencias que se supone que deberías
tener.
Tu ¿No tendrías miedo
de que se enteraran de tu pasado, aunque fuese el de antes de ayer?
La cena se fue prolongando más de lo debido, la
miraba y solo veía mi pasado, por eso dude cuando me llamó por teléfono.
Tenía delante una monja católica, lesbiana, directiva
de un banco y habiendo sido amante de la primera dama.
Amanecía y seguía pensando en mis inseguridades
en mis miedos, volví a sentirme una refugiada en tierra de nadie mientras la
luz entraba entre los visillos del ventanal del hotel.
Solo cuando elegí el esperma del padre de mi
hija, supe lo que hacía.
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