martes, 25 de febrero de 2020

Último diálogo




Entré empujando la doble verja de hierro.

-       Bienvenido – dijo

Por el acento no era de aquí

-       ¿Es usted el dueño de la vivienda?

-       No señor los dueños se encuentran fuera de España, en Alemania. En Dusseldorf. – contestó

-       ¿Y usted quién es? – pregunté

-       Soy el administrador de la familia. Les avisé en cuanto me di cuenta del robo en la casa.

-       Aparte del dinero y las joyas ¿echa algo más en falta?

-       Si señor. En la biblioteca, en unos estantes simulados había una pequeña caja fuerte donde el señor presidente guardaba objetos personales, la encontré totalmente rota y vacía.

-       ¿Sabía usted que guardaba el sr. presidente?

-       Objetos personales, como le digo

-       Si, si entiendo. Una cosa más ¿porque le llama presidente?

-       Así le llama todo el mundo que viene a la vivienda.

Mientras charlaba iba dando vueltas por la casa

-       Es espectacular. – dijo

-       Si es bonita. – contesté mientras miraba el jardín.

Había una piscina con árboles a su alrededor se encontraban unidos por hamacas de algodón.  En medio de una gran pradera se encontraba una palmera solitaria no muy alta, daba una buena sombra. Con este calor pensé: no se puede ser desgraciado debajo de una palmera como esta, en ese lugar.

Una joven me saludo, debía estar tomando el sol. Se cubrió rápidamente con una toalla bastante pequeña.

-       Adiós. – dije



-       ¿Quién es la joven que se encuentra tomando el sol en la pradera junto a una palmera? – pregunte a mi interlocutor

-       No lo sé inspector, aquí solo estamos usted y yo.



Intente tranquilizarme aspirando el olor a tierra húmeda.





No hubo pasado dos meses desde las investigaciones por el robo en la vivienda del “presidente” cuando un sábado mi ayudante se presentó temprano en casa mientras estaba pasando el tiempo en un pequeño huerto que tengo. Apareció con un coche patrulla, salió corriendo en mi busca.

-       Tenía razón inspector. Gritaba mientras subía la pequeña vereda.

Pensé ¿Qué dice este hombre, se ha vuelto loco?

-       Han encontrado el cuerpo de una joven en la casa del presidente. – me dijo.

Lo sabía.



-       ¿Como lo han encontrado?

-       Esta mañana nos llamó el administrador diciendo que al colocar la leña vio el cuerpo de la joven, tapado entre unos troncos.







La joven no era la hija del administrador, ella también estaba al servicio del presidente, era su fotógrafa particular.

-       ¿Porque me dijo que era su hija?

-       El presidente no deseaba que se conociera su existencia, era su amante.

Sobre el frigorífico de la cocina aun se encontraba una fotografía la del presidente con una joven besándose en la boca de forma clandestina, como deprisa.

-       ¿Es ese el presidente? – pregunté al administrador

-       Si, con ella durante su fiesta de cumpleaños. Cumplía dieciséis. Es una foto antigua de hará cinco años.

Me di cuenta de que el administrador no se encontraba bien, tenía la cara como esperando algo. No sé, afectado quizás

-       ¿Se encuentra bien?

-       Si, solo un poco cansado, todo esto…



La maté de un golpe con una botella de champagne que nos acabamos esa noche durante la cena. Fue sin preparación, sin premeditación, sin seguir ningún rito. Era más fácil, después de muerta.



La chica que tomaba el sol comenzaba a verla con asiduidad, se hacía la encontradiza, hasta llegó a entrar en la comisaría preguntando si estaba.

Un mes más tarde tomando unas copas nos besamos. Sin embargo, algo dentro de mí me ponía nervioso, como un vacío en el estómago.

Soy un hombre católico y desde que la conocí intenté quitar de mí esta desazón de la única manera que podía, no renunciar a mi fe, rezar. Se convirtió en una rutina, en aburrimiento.



Durante una cena en la vivienda del presidente, donde la vi por primera vez.

-       ¿Pero el administrador?

-       No te preocupes vamos a estar solos es su día libre

A parte de un ramo de flores, llevé dos botellas de champagne y escondidas dos pastillas en mi bolsillo de la chaqueta, con la pretensión de mezclarlas con la bebida. La deseaba.

Hacían su efecto, pero no el que yo pretendía, solo se puso a hablar durante la cena, supe que ella, como al que denominaban presidente eran dos eslabones de una organización política para crear en Cataluña una situación de caos y propiciar un golpe de estado fascista en España.

-       Pero querida si el fascismo fue destruido como ideología viviente por la segunda guerra mundial.

-       Ay, inspector, veo que hasta la policía ha dejado de creer en sus valores de orden.

Seguíamos hablando de ella, las pastillas le  soltaron la lengua hasta que en un momento…

Por fin, comenzó a hablar de sexo.

-       También me gusta el sexo, soy bastante promiscua. ¿Y tú?



No sabía como justificar que no me interesaba su vida, comencé a exagerar, le confesé una de las mentiras que más me atraían. Que tuve una relación con dos mujeres que se conocían entre ellas. Éramos una unión de tres.

-       Pues solo somos dos ahora. – me dijo

Esta respuesta me desconcertó, como si se negara a follar esta noche.



Aun quedaba una botella de champan llena, no la desperdicié, la leñera no estaba muy lejos y pesaba poco.


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