Entré empujando la doble verja de hierro.
-
Bienvenido
– dijo
Por el acento no era de aquí
-
¿Es
usted el dueño de la vivienda?
-
No
señor los dueños se encuentran fuera de España, en Alemania. En Dusseldorf. –
contestó
-
¿Y
usted quién es? – pregunté
-
Soy
el administrador de la familia. Les avisé en cuanto me di cuenta del robo en la
casa.
-
Aparte
del dinero y las joyas ¿echa algo más en falta?
-
Si
señor. En la biblioteca, en unos estantes simulados había una pequeña caja
fuerte donde el señor presidente guardaba objetos personales, la encontré
totalmente rota y vacía.
-
¿Sabía
usted que guardaba el sr. presidente?
-
Objetos
personales, como le digo
-
Si,
si entiendo. Una cosa más ¿porque le llama presidente?
-
Así
le llama todo el mundo que viene a la vivienda.
Mientras charlaba iba dando vueltas por la casa
-
Es
espectacular. – dijo
-
Si
es bonita. – contesté mientras miraba el jardín.
Había una piscina con árboles a su alrededor se
encontraban unidos por hamacas de algodón.
En medio de una gran pradera se encontraba una palmera solitaria no muy
alta, daba una buena sombra. Con este calor pensé: no se puede ser desgraciado
debajo de una palmera como esta, en ese lugar.
Una joven me saludo, debía estar tomando el
sol. Se cubrió rápidamente con una toalla bastante pequeña.
-
Adiós.
– dije
-
¿Quién
es la joven que se encuentra tomando el sol en la pradera junto a una palmera?
– pregunte a mi interlocutor
-
No
lo sé inspector, aquí solo estamos usted y yo.
Intente tranquilizarme aspirando el olor a
tierra húmeda.
No hubo pasado dos meses desde las
investigaciones por el robo en la vivienda del “presidente” cuando un sábado mi
ayudante se presentó temprano en casa mientras estaba pasando el tiempo en un
pequeño huerto que tengo. Apareció con un coche patrulla, salió corriendo en mi
busca.
-
Tenía
razón inspector. Gritaba mientras subía la pequeña vereda.
Pensé ¿Qué dice este hombre, se ha vuelto loco?
-
Han
encontrado el cuerpo de una joven en la casa del presidente. – me dijo.
Lo sabía.
-
¿Como
lo han encontrado?
-
Esta
mañana nos llamó el administrador diciendo que al colocar la leña vio el cuerpo
de la joven, tapado entre unos troncos.
La joven no era la hija del administrador, ella
también estaba al servicio del presidente, era su fotógrafa particular.
-
¿Porque
me dijo que era su hija?
-
El
presidente no deseaba que se conociera su existencia, era su amante.
Sobre el frigorífico de la cocina aun se
encontraba una fotografía la del presidente con una joven besándose en la boca
de forma clandestina, como deprisa.
-
¿Es
ese el presidente? – pregunté al administrador
-
Si,
con ella durante su fiesta de cumpleaños. Cumplía dieciséis. Es una foto
antigua de hará cinco años.
Me di cuenta de que el administrador no se encontraba
bien, tenía la cara como esperando algo. No sé, afectado quizás
-
¿Se
encuentra bien?
-
Si,
solo un poco cansado, todo esto…
La maté de un golpe con una botella de champagne
que nos acabamos esa noche durante la cena. Fue sin preparación, sin
premeditación, sin seguir ningún rito. Era más fácil, después de muerta.
La chica que tomaba el sol comenzaba a verla
con asiduidad, se hacía la encontradiza, hasta llegó a entrar en la comisaría
preguntando si estaba.
Un mes más tarde tomando unas copas nos besamos.
Sin embargo, algo dentro de mí me ponía nervioso, como un vacío en el estómago.
Soy un hombre católico y desde que la conocí
intenté quitar de mí esta desazón de la única manera que podía, no renunciar a
mi fe, rezar. Se convirtió en una rutina, en aburrimiento.
Durante una cena en la vivienda del presidente,
donde la vi por primera vez.
-
¿Pero
el administrador?
-
No
te preocupes vamos a estar solos es su día libre
A parte de un ramo de flores, llevé dos
botellas de champagne y escondidas dos pastillas en mi bolsillo de la chaqueta,
con la pretensión de mezclarlas con la bebida. La deseaba.
Hacían su efecto, pero no el que yo pretendía,
solo se puso a hablar durante la cena, supe que ella, como al que denominaban
presidente eran dos eslabones de una organización política para crear en
Cataluña una situación de caos y propiciar un golpe de estado fascista en
España.
-
Pero
querida si el fascismo fue destruido como ideología viviente por la segunda
guerra mundial.
-
Ay,
inspector, veo que hasta la policía ha dejado de creer en sus valores de orden.
Seguíamos hablando de ella, las pastillas le soltaron la lengua hasta que en un momento…
Por fin, comenzó a hablar de sexo.
-
También
me gusta el sexo, soy bastante promiscua. ¿Y tú?
No sabía como justificar que no me interesaba
su vida, comencé a exagerar, le confesé una de las mentiras que más me atraían.
Que tuve una relación con dos mujeres que se conocían entre ellas. Éramos una
unión de tres.
-
Pues
solo somos dos ahora. – me dijo
Esta respuesta me desconcertó, como si se
negara a follar esta noche.
Aun quedaba una botella de champan llena, no la
desperdicié, la leñera no estaba muy lejos y pesaba poco.
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