5. FLORES
Hoy nos han
traído flores, carros llenos de flores. Todo un camión de flores. Las floristas
del pueblo han querido sembrar el hospital entero. Han venido a nosotros los
millones de flores que estarían ahora paseando en las calles, colgando de los
brazos de todas las falleras. Han obrado las floristas el milagro de la elipsis
de la virgen: se ha celebrado hoy, allí, la ofrenda floral al desamparo. Y
desamparado me han encontrado a mí, escondido en el abrazo de mi amiga Elena,
quebrantando el veto del afecto, entregado al consuelo de la piel.
Las flores
han venido conmigo hasta mi casa. Dieciséis crisantemos amarillos a los que he
dado de beber agua del grifo. Un ramo espléndido de flores que me ha estado
custodiando durante el duermevela en el sofá. He soñado con una aspirina
deshaciéndose en el agua y he evocado a mi madre hablándome de darles aspirinas
a las flores. Y ahora ya no sé si esto me ha venido del recuerdo o ha brotado
del delirio de los días del COVID.
Miro las
flores y pienso que en las flores está la encrucijada. La pulpa del espejismo
colectivo, la fibra de la invención de lo real. Cortamos una flor y la traemos
al corazón de lo sintético y nos pensamos que ahí está la realidad. Asimos un
falso sentimiento de dominio de la naturaleza, a fuerza de haber domesticado
las flores y también los modos de enfermar y de vivir. La ilusión de una salud
invulnerable. La fantasía de nuestra independencia de la tierra, de nuestra
independencia de todos los microbios de la tierra. El sueño del control de
cualquier intromisión de lo bruto en nuestra carne. ¿Habrá venido el virus a
anunciarnos que dependemos del mundo y del abrazo?, ¿que todo lo que le pase al
mundo ha de acabar hiriéndonos también?
Cuento de
nuevo las flores. Dieciséis. Casi tantas como los nuevos casos, que van
desconsolándonos con su corporeidad. La mancha de aceite de los casos que va
tomando poco a poco el hospital. Detrás de cada caso hay una flor. Y en la
primera muerte hay una flor.
Vuelvo a
este mediodía y me refugio en el abrazo clandestino y poderoso. Y pienso que en
Elena, que me abraza, me abraza el mundo entero.
Otro conmovedor relato. Lo haces maravillosamente bien. Cuando esta pesadilla pase deberías editarlos en conjunto. Bravo, y a la vez gracias por tu entrega en la lucha por mitigar esta situación. ¡Abzs digitales!!!
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