10. HORMIGAS
Me despierto a las cinco. He dormido mejor. He conseguido,
al menos, dormirme a la primera. Me levanto, también, a la primera, y con el
café reviso protocolos: ¿qué hay de nuevo en el COVID? Me prohíbo abrir la
prensa y no lo logro, pero es apenas un vistazo rápido. Me duelen las noticias,
me escuecen en los ojos como escuece en las manos el alcohol estos días. A
pesar de lo horrible de las cifras, tengo la sensación de que no hay nada nuevo
por allí. En el coche no conecto la radio. Hoy sólo escucho música. Y acabo
bajando las ventanas a medida que me acerco al hospital. Quiero oler la tierra
y los naranjos, y mojarme la cara con la lluvia. Quiero colmarme los sentidos
antes de llegar allí, donde están las noticias.
El hospital es hoy un hormiguero. No lo sabíamos, pero ha
sido siempre un hormiguero. Veo algunas hormigas salir del turno de noche. Ya
tienen otra cara estas hormigas, ya tienen otro tempo en las pisadas, miran con
otros ojos. Vuelven a organizarse las hormigas.
Parece que nos hurgaron con un palo el hormiguero (de estructura tan rígida, de costumbres tan rígidas). Y todas las hormigas, distraída cada cual de sus rutinas, nos volvimos una turba de hormigas, una mancha de hormigas, un tumulto frenético de hormigas. Pero parece también que en ese mismo caos del hormiguero palpitaba un desafío a la entropía: la excepcionalidad constante de la vida, que tiende al orden en mitad del desconcierto.
No hay épica, diría yo, en estas hormigas. Hay el poder de
reinvención de las hormigas, la enloquecida fuerza del desaliento en las
hormigas (bendita compañía, Ángel González): en las hormigas que limpian
ascensores, en las hormigas que pintan las paredes, en las hormigas que
transportan camas, en las hormigas que dan medicación. La maravilla de todas
las hormigas acudiendo, cada cual, a su tarea. En este horizonte suspendido… En
esta incertidumbre de hormigas.
En el coche, de vuelta, pienso en cómo estarán en sus casas
las hormigas. Celebro y maldigo esa capacidad de recuperación de las hormigas,
y no logro entender si en ella hay más de rebeldía o hay más de sumisión. Estoy
cansado.
Aparco y me cruzo con hormigas. Y nos buscamos hoy con otros
ojos, las hormigas. Nos sonreímos ya con la mirada, las hormigas.
Entro en casa y cometo el desliz: ¿qué significa soñar con
hormigas?
NO se te agotan las metáforas. Me encanta.
ResponderEliminarSólo me confunde un poco, lo de entro en casa, suponogo que te refieres al hospital que ya es tu casa.
Yo adelantaría el final en las primeras frases, diciendo algo como he tenido un sueño extraño.
Gracias, Bárbara. La entrada en casa es realmente entrada en casa. La narración pretendía seguir un poco los acontecimientos de un día... desde que me despierto y salgo hasta que vuelvo a casa por la tarde. Quizá no se entienda del todo bien.
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