martes, 26 de mayo de 2020

Siempre hay un tango (Ejercicio Nº18: escribir sobre escribir)



Siempre hay un tango

“Estás desorientao y no sabés
qué trole hay que tomar para seguir
Y en este desencuentro con la fe
querés cruzar el mar y no podés."

(Primera estrofa de la letra del tango Desencuentro de Cátulo Castillo)

Lidia, estupenda pianista de mi generación y gran amiga, afirma que para cada situación de la vida hay un tango. Por eso “estoy desorientao…”. ¿Escribir sobre lo que se escribe? Hace un tiempo me preguntaron por qué quería y trataba de escribir. La respuesta no se hizo esperar: escribir es como hacer música activa pero mi actual condición física lo impide. Interpretar, expresarse, decir algo a través de la abstracción de los sonidos es hacer música, y requiere grandes dosis de mecánica corporal, fisiología adecuada y destreza psicomotriz. Pintar, bailar, tocar, actuar, cantar, recitar y otras artes de representación (entre las que pongo al fútbol y otros deportes de gran público) requieren no sólo sapiencia y capacidad artística, también mucha resistencia física. Escribir no es igual. Escribir es pensar y transmitir, es crear emociones. Borges estuvo ciego gran parte de su vida pero siguió “escribiendo”. J.C. Onetti no podía teclear más de 3 letras seguidas; por eso dictaba sus obras a Dolly, su mujer. Improvisaba sobre un esqueleto de ideas garabateadas con lápiz en un cuaderno de escuela. Dolly lo anotaba en Gregg y luego mecanografiaba lo que sería un texto. Escribir es, más bien, pensar e imaginar. Como no soy un filósofo dejaré esto para mi tío que con su pragmatismo gallego lo diría de forma muy concreta: “Pensar es decidir si pisas la boñiga fresca o te metes hasta la rodilla en el lodo de la cuneta”.

Escribí más arriba: crear emociones. Para transmitirlas uno debe empezar por tenerlas. Se trata de eso, de que esa emoción que nos embarga genere una historia, un personaje, una situación, un escenario, un hecho ficticio que pueda mover sensiblemente al lector. La emoción producida no tiene porqué ser igual pero si no aparece, el texto no existe; no sería más que un folleto explicativo (¿realmente?) como el del lavaplatos. La emoción es un concepto muy amplio, muy general. Diferentes aspectos de esa emoción van a salir al escribir; primero en quien genera el texto y luego en sus lectores. Un admirado poeta sentenciaba: “…puestos a amar la literatura, uno debería empezar por la propia. Porque si no amas lo propio, ya me dirás entonces quién te va a amar a ti. Puestos a amar a un padre, pues amas a tu padre y no al padre de tu vecino”. Más adelante “…la gran creación de mi literatura fui yo mismo”.* Otro escritor de renombre decía: “Para un escritor (de los creativos) poseer la verdad es menos importante que demostrar sinceridad emocional”.**

Siempre somos nosotros. Nosotros somos todos y todo lo creado.  Y surge el tango:

“Uno busca lleno de esperanzas
el camino que los sueños
prometieron a sus ansias.
Sabe que la lucha es cruel y es mucha,
pero lucha y se desangra
por la fe que lo empecina."

(Primera estrofa de la letra del tango Uno de E. Santos Discépolo)

Pero ser admirador de uno mismo requiere coraje y mucho criterio. Buscar con esperanzas y a sabiendas de que el empecinamiento por querer decir algo que emocione va a depender de tener mucha fe para luchar y aguantar el desangrado. Aún así no será fácil sentirnos capaces de amar lo que creamos. Nos tiene que gustar; tiene que atraernos, tiene que generar emociones. Es lo único real, ya lo produzca en un oyente de música o poesía, un lector de libros o ensayos, un espectador de ballet o de cuadros. Igor Stravinsky solía decir que sus obras eran un 95% de trabajo duro y un 5% de inspiración. Está claro entonces que ambas se complementan; una sin otra no llegan a generar el acto artístico.

Si uno logra evitar frases hechas y clichés, usar los tiempos verbales adecuados, encontrar las metáforas puras o las impuras, definir el objetivo del personaje, redactar en primera o tercera y hasta en segunda persona, ubicar una visión como omnisciente o no, evitar signos exclamatorios, usar la autoficción creando un pacto novelesco, decidir sobre la secuencia de los hechos mezclando pasado y presente, encontrar el ritmo lento y rápido adecuado al momento, conocer las normas para luego saltarlas, evadir la tentación de agregar rellenos innecesarios, simplificar al máximo las expresiones, evitar queísmos y leísmos, cargar los gerundios al Index, entender los diálogos como tiempo real, establecer imperativos y no infinitivos, esquivar cosas y algos, desechar adjetivos sobrantes, hallar un oxímoron útil, meternos en la piel del personaje, establecer un correlato objetivo sin que se note, soñar con una digresión que empuje la narración, desarrollar una elipse triunfadora, aceptar que un iceberg no es necesariamente fatal, todo esto sumado a escribir sin errores ni de ortografía ni de sintaxis, me pregunto si así podré realizar un relato. No, no tengo un relato aún. Siento el momento de más tango (otra estrofa de Uno):

“Uno va arrastrándose entre espinas
y en su afán de dar su amor
sufre y se destroza hasta entender
que uno se ha quedado sin corazón.”

Finalmente viene lo más importante: debo ser siempre política, social, humana y económicamente incorrecto. Por si esto es poco agrego una inolvidable dosis de osadía y alcurnia y terquedad y destemplanza y procacidad y tontería y maldad* a más de mi innata necesidad de sarcasmo, de ironía y de rencor. Aún sigo sin relato. Por más que use metódicamente todo lo que menciono, si no siento emoción no podré transmitir nada. Y si no transmito nada no conmoveré al lector. Sin conmover, sin emocionar, por muchas o pocas palabras que apile, no pasará nada. Entonces sobreviene otro tango:

                            Si la vida me ha cambiao
                            y en el vicio yo me escondo,
                            es que llevo un dolor hondo,
    de vencido y fracasado,
    demasiadas ambiciones,
    demasiados sueños vanos,
    me llevaron de la mano,
    deshojando mi ilusión. 

(Primera estrofa del tango Estoy fracasado de Antonio Tormo)

*   Manuel Vilas en 700 Rinocerontes (ambas referencias)
** George Orwell: “For a writer (a creative one) possession of truth is less important than emotional sincerity”

1 comentario:

  1. Está muy chulo Mario!!!!
    por cierto Estoy Fracasado es un tango de un primo lejano mio, no?

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