martes, 26 de mayo de 2020

Nuevo ejercicio del libro con meta literatura


La misma historia que la anterior con algún detalle corregido, para mejor o para peor.


Y ahora que todo ha terminado
Solo has de volver la página
Y habré desaparecido
(Elton John)

Navidades de mil novecientos sesenta y cinco, creo que fue cuando comencé a conocer la situación que me rodeaba. Día de navidad por la mañana una lluvia fina tropezaba contra el parabrisas de la Barreiros. Transportábamos un cargamento de unos cuantos cientos de kilos de tubos de acero cargados sobre el techo de la furgoneta. Fue en uno de esos lugares que no entran en los recorridos turísticos, los polígonos industriales que parecen seres extraños donde la nieve se vende en papel no reciclado entre humo y agua estancada.
El ruido de doscientos tubos de acero de cinco metros de largo vertiéndose sobre el asfalto cortó la poca circulación.
Tenía catorce años y era mi primer trabajo.

Sentado sobre los tubos abandonados a la espera de que vinieran a recogerme la lluvia comenzaba a ser aguanieve. Sentía frío, pero me encontraba como el protagonista de alguna aventura, sentir el poder de resistir, la espera y con la seguridad que al final, pasara lo que pasara sería beneficioso.
Me dio tiempo a inspeccionar, el lugar era de cables no empotrados, donde la luz se engancha sin toma de tierra donde se amontona el sol sobre deshechos de pisos (cocinas, lavabos, váteres, azulejos, grifería) entre muros a medio caer, ruinas, colgajos de hormigón, adornos de la realidad donde se dibujan signos entre cabezas de animales.

De calles sin asfaltar llenas de agujeros donde la profundidad era un misterio, quizás en uno de esos fue el culpable del accidente, caminos de tierra que se adentraban si saber a dónde, senderos que se alargan, que avanzan entre cardos y espigas rechazadas por las cosechadoras. Entre límites que se elevan, que se hunden entre el espejismo en tierras vaciadas.

Territorios donde crece el maíz entre derribos y desahucios.

Sentado sobre los tubos sentía el viento pobre, es decir frío.
Anochecía entre las hogueras de bidones de Cepsa donde se amontonaban muchachas dorándose en la noche.

(Extraño mundo de cenizas sobre el barro de la nieve negra).


Dos faros avanzaban por una pequeña loma, se acercaban por un camino de piedras, al fin venían a rescatarme. Mientras cargaban la mercancía pude entrar en calor a la luz de las hogueras.
En una de ellas dos individuos bromeaban quemando un lagarto, una rata y una culebra. Aquellos chirridos y todo este día marcaron mi territorio.

Con la ausencia de testigos pongo una nueva placa en la puerta de entrada (Israel Zimmermann - Investigador).
Desde entonces me gusta merodear por las calles cuando el silencio se recoge para no ser oído, hay lugares donde no es fácil caminar, solo, sin rumbo, es sospechoso, no tienes pinta de inocente, es como declarar unas intenciones poco recomendables.

Investigo cobardías colgadas del perchero, como la gabardina que me cubre.
La Olivetti de textos oficiales a veces llora y emborrona la letra A mayúscula.

Llegó el hombre (cliente).
Sobre la mesa, el hombre (cliente), estrelló la foto de una mujer, de forma violenta, una foto de estudio. En su reverso sus señas.
Era un rostro lleno de fracaso.

(Hay días que la claridad no es el sonido del día).

Al parecer ella (la de la foto) tenía algo que el hombre (cliente) deseaba. Una fotografía que lo comprometía y podría destruirle.
Tengo que rescatar el pasado del hombre (cliente).

Lunes, en el kiosco del Parque Luxemburgo, donde vivía ella (la de la foto). La cerveza se calienta, porque es lunes y hace calor y llevo la mañana observando un oscuro portal. Nadie salió del edificio.  

Miércoles, salió, ella (la de la foto) con guantes de forense, se acercó a la soledad del hombre (cliente) entre olor a escombros, entre restos de vigas con moscas, por el camino rojo de hormigas bajo zapatos de barro.
Salió, ella (la de la foto) la que guardaba la felicidad en urnas de humo, salió de su cueva como un lagarto.
El acero rompió los órganos, desgarro las vísceras y la cabeza cayó mansamente sobre el hombro derecho del hombre (cliente).
Ella (la de la foto) después, se compró un collar de piedras grises.
Sin arrepentimiento mantuvo la entereza, con una hoz en la mano derecha subió al estrado y juró ante la biblia la verdad de su cansancio, la necesidad inútil de su sacrificio

¿Cómo fue? Dijo el juez
Apreté hasta encontrar el dolor del grito, hasta que dejó de moverse dijo ella (la de la foto)

En la sala se oía la voz amarga como la última gota de sangre de un costado abierto.
Quería llorar y decir su nombre, el del hombre (cliente) y volver a matarlo.

Llegó el invierno con su basura en bolsas de plástico.  En los patios la ropa se seca entre fundas de plástico, con los geranios, para que no sufran los rigores del frío.

Vuelvo a estar sentado sobre una montaña de tubos de acero de entre cinco y seis metros de largo esperando mi rescate. Esta vez no hace frío, el tiempo está cambiando, dos policías municipales me aguardan a la salida de un pequeño restaurante.
Es nochebuena y por estos lugares la gente solitaria no es recomendable, ya lo sabes Israel. Gracias Cleo contesté, hasta mañana.

Cierro la puerta y el restaurante se queda a oscuras, el Watts up se llena de mensajes con bolsas de color rojo.
-       Tenga cuidado inspector se encuentra muy rara la noche con este calor.
-       Feliz Navidad, contesté


En forma de epílogo (meta literatura)

No es difícil comprender que la historia no comienza cuando naces, simplemente la historia es el primer recuerdo que te arrincona sobre la lona del cuadrilátero. Palabras al estómago, directas al cerebro a un hígado castigado por el alcohol de frases mal destiladas. El bourbon solo queda para los bohemios que nunca pisaron un establo.

Esta historia es solo un pedazo bruto sin flores y si alguna existe seguro que ya ha marchitado.
Cuatro frases se necesitan para describir una vida, cuatro frases que al final se agolparan en una piedra con solo cuatro letras.
Literatura, escusa para salvarnos, antídoto al veneno que llevamos dentro,  estructura para matizar, arquitectura.

Esta historia no tiene nada de esto, ni siquiera hay frases y si las hay es posible que incoherentes, letras en combinaciones mal elaboradas que suenan no a piedras, sino que se sienten como guijarros entre las sandalias. Ni siquiera sirve para la salvación, ni ser antídoto, ni siquiera hay veneno. Esta historia no tiene arquitectura solo pretende ser un refugio una cabaña en el bosque junto a un lago, como haría Thoreau a orillas del Walden, ¿pretencioso?, seguro. ¿A veces un plagio?, quizás, pero ¿Quién no roba ese botín?

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