Es preferible no saber de qué va la
historia, si lo sabes de antemano, malo: sólo vas a decir lo que ya sabes, que
es lo que sabemos todos.
Lo mejor es no saber lo que quieres
decir, pero si sigues escribiendo, acabarás diciendo algo que ni siquiera tú
sabías que sabías y que sólo tú puedes llegar a saber, y eso a lo mejor tiene
algún interés.
Para empezar, contaré una historia que
no existe en realidad. Mac tenía una hija clavada en una caja de cartón dentro
de una colección de lepidópteros, insectos casi siempre voladores conocidos
como mariposas.
Todas las noches miraba su colección y
la sonreía.
En un frasco de cristal tenía a su mujer
conservada en alcohol de 70 grados o formol al 10 por ciento no lo recuerdo
bien, supongo que en formol por su capacidad biocida que impide la
descomposición de las muestras. Al igual que con su hija al irse a dormir le
daba las buenas noches.
Desde el año 2010 existen en España
6.053 personas desaparecidas, en su mayoría sin resolver ya que no se dejan
rastro.
La novela que escribió sobre este hecho
obtuvo varios premios, lo que le reportó unos buenos beneficios. Su realismo,
según los críticos, rayaba con la inocencia de un amor familiar, casi
imposible. Lo denominaron novela del realismo imposible.
Se hizo una serie, una película y hasta una
obra de teatro en un circuito underground de Praga. Se estaba pensando en
realizar una comedia musical en la quinta avenida.
Anduvo este Mac codeándose con la crema
de la intelectualidad como dice el schotis. Pero la suerte a veces se tuerce y
como diría un escritor fascista la realidad se escribe con reglones torcidos.
Encontraron su cuerpo de cúbito supino en
el suelo de la habitación de un hotel en París. No parecía un robo ya que la
habitación se encontraba en perfectas condiciones y la caja fuerte sin forzar.
¿Un crimen pasional? ¿Por drogas? En una mesilla encontraron instrumental para
inyectarse sustancias en vena y un preservativo usado sobre su espalda desnuda.
Como periodista me encargaron cubrir el
sepelio. El día era esplendido casi un día de primavera en pleno mes de enero
en Madrid.
Al cementerio no acudió nadie, allí
estábamos el conductor del tanatorio, tres sepultureros y yo.
Solo dos coronas de rosas negras sobre
su tumba sin más adornos “Tu mujer que no te olvida” “Tu hija que no te olvida”.
La ficción a veces se confunde con la
realidad.
+ Basado en textos de Javier Cercas, José María Pemán, Franz Kafka,
Leonardo Sciascia y escritos sueltos de literatura underground
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