Reviviendo a
plazos – (Diario de desreclusión II)
II – Café con leche sin tostada ni periódico
Estaba en El Carmen pero me sentí en Epidauro. Epídavros le
oía pronunciar a la profesora-guía griega que nos acompañaba en el que fue el mejor
viaje de toda nuestra vida. Recorríamos el Peloponeso junto a unos pocos estudiantes de
USA y menos profesores de otros países, incluyendo a Claudia, mi mujer, y a
mí. Llegamos al valle al pie del monte Cirtonio, el lugar del santuario de las
sanaciones en Epidauro, venerado desde el siglo XVI a.C. En el VI a.C. empieza
el culto a Asclepio (el del bastón con la serpiente enroscada, el símbolo
médico que aun usamos), es un equivalente de Lourdes en el clasicismo griego y
al que acudían también hordas de peregrinos. Durante siglos van construyendo
más templos. Recuerdo las ruinas del Tholos circular con un intrigante
laberinto subterráneo (atento Borges). Hay un estadio, palestras, el
impresionante teatro de acústica perfecta y lo que se cree constituyó el primer
sanatorio organizado de la historia occidental. Se armaban festivales de
música, espectáculos de teatro y carreras de caballos. Los concursos de poesía comenzaron
a partir del siglo IV a.C., luego sobreviene la decadencia del período
helenista. Tribus de nórdicos, rubios y racistas Godos germanos dieron la
estocada final a estas oníricas distracciones mediterráneas entre el siglo III
y IV d.C. No ha cambiado mucho al día de hoy.
Pero no es la historia ni el mito de Asclepio o el templo de
Apolo o el Tholos o el teatro o la palestra o el estadio o los certámenes de
poesía o los cientos de chiringuitos que seguramente habrán existido en
aquellos tiempos, lo que me transporta a Epidauro este miércoles en la mañana
tardía de una primavera valenciana maravillosa es el aire, el ambiente
percibido, la atmósfera, la temperatura, el viento que no hay pero que trae más
oxígeno en el aire inmóvil, la brisa epi
tis auras (Epídaurus, quiere decir literalmente “sobre la brisa”). Con la
temperatura perfecta y cielo azul de Photoshop me sentí en Epidauro en la
primavera de 1970. Así son los abundantes días sanadores del clima mediterráneo. Pasé muchas horas en ese sanatorium bajo árboles herederos de
aquellos otros que durante siglos y siglos cobijaron a quienes llegaban al
monte Cirtonio y su valle. Entonces me di cuenta que lo de Asclepio no era un
mito, era real, esa atmósfera mediterránea sanaba, curaba al cuerpo y al alma.
Estoy en la placita del Carmen sobre el carrer Pare D’Òrfens
donde no hay circulación de coches. Solo el murmullo persuasivo, convincente, también
curativo que brota de la fuente del monumento al escultor Mariano Benlliure.
Está debajo de un gran jacarandá, ya casi sobre el fin de la plaza. No está
pavimentada, es sólo un suelo de gravilla con agradables faltas de uniformidad.
Veo un cariñoso y espeso tapiz de pétalos lilas que caen de los jacarandás. Esto
la embellece aun más. Aparece el mesero:
--Por favor, tráeme
un café con leche caliente sin lactosa, azúcar moreno y una tostada de tomate; ah,
¿tienes el periódico?
--No tengo nada más
que café con leche común y azúcar blanco; ni tostadas ni bollería, nada para
comer. Del periódico ni hablar, está prohibido.
--Bien, tráeme ese
café con leche calentita y listo.
Fue el mejor café con leche desde hacía meses. Curiosamente
ese epi tis auras, sobre la brisa, sirvió
para hacer desaparecer los habituales y, de cierto modo atávicos, efluvios
nauseabundos de buena parte de la Ciutat Vella. Existieron cementerios allí en
épocas de moros porque quedaba extramuros. Se llamaba Roteros, un aledaño de Balansiya,
aun no se le conocía como El Carmen.
Como en Epidauro, no fue la bebida en sí que me hizo sentir
en perfecta armonía existencial hasta conmoverme, era la atmósfera curativa, re-componedora,
exultante, re-energizante, de ese aire sin viento pero “sobre la brisa”. El silencio sonoro y bello de lo simple, lo
cotidiano, lo que muchas veces dejamos de lado ante lo que nos encandila. Me
corrieron lágrimas de emoción que se extinguieron en la mascarilla que llevaba
caída sobre el mentón.
Un café con leche sanador.
Valencia, 20 de mayo de 2020. “Reviviendo a plazos”,
cuota Nº2: € 1.50 con servicio.
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