martes, 15 de octubre de 2019

Ejercicio No.2 bis: Valencia 2049


Valencia 2049

Valencia 2049: un universo controlado por la tecnología. Le llamaban Lolita pero su nombre era Lan Xiang (orquídea), y con sus 14 años era uno de los 2 chicos chino-parlantes que había en las clases de los colegios secundarios luego de 2034. Fue entonces que se estableció la inmersión total en Mandarín desde los 6 meses de edad, norma solicitada por la Federación de Repúblicas Populares de Asia (China más territorios absorbidos) al obtener la cesión de una extensa zona de territorio costero incluyendo el puerto de Valencia como contrapartida por hacerse cargo del pago de las pensiones en la Comunitat.


Lolita debía el mote a que se vestía como muñeca, una versión 2049 de la heroína de Nabókov. Llevaba enormes gafas planas espejadas de tinte púrpura mientras su boca, pequeña y bien formada, estaba rodeada por labios sensuales coloreados de un naranja fluorescente. Lucía grandes aros inoxidables implantados permanentemente en sus orejas donde residía el EECA (Embedded Electronic Communications Assistant) que todas las personas debían llevar. El EECA mantenía informado a los centros de control de IA (Inteligencia Artificial) de todo lo que sucedía en el entorno de quien lo llevaba, a la vez monitorizaba sus funciones vitales. Llevaba brackets servo-electrónicos de modo que sus dientes tan blancos serían más hermosos cuando el tratamiento, que era automático, finalizara.


Sebastián, el ‘nerd’ pelirrojo de la clase, está en el grupo de alumnos que visita el puerto de Valencia junto a Lolita. Mientras los guías chinos buscan palabras para describir un robot, Lolita se aparta del grupo y rápidamente trepa a una grúa estacionada. Sebastián se da cuenta y la sigue. Cuando llegan a la cabina de mando, Sebastián que había ido subiendo desde atrás sufre de vértigo y queda aterrorizado. Lolita lo sienta en la butaca de mando y suavemente le acaricia el cabello rojizo mientras sus latidos se enlentecen. Sebastián se serena poco a poco. Lolita prosigue con más caricias, ahora en el pecho lampiño. Con la otra mano va bajando la cremallera del jean mientras que sus gafas ocultan una mirada lasciva. Cuando la continuación de sus caricias está por cambiar de modo, Sebastián grita: --coño, no, no!— Lolita responde: --¿qué pasa, es que tienes miedo de mis brackets?—no, no, no!—responde Sebastián-- lo que me preocupa es que todo quedará registrado por el EECA--…

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