lunes, 4 de noviembre de 2019

Ejercicio 3: Vacaciones en agosto


VACACIONES EN AGOSTO

Claudia, hace varios años que pretende disfrutar de sus vacaciones en el mes de agosto para coincidir con sus amigos, su deseo es casi una obsesión y finalmente lo ha conseguido.

¡Estoy de vacaciones!, es la expresión que sale de su boca cuando termina su jornada laboral el día 31 de julio, y ¡mañana comienza el mes de agosto!, añade.

Pero precisamente este año es diferente a los anteriores, no ha existido primavera, es más, durante los meses de junio y julio se ha recrudecido el invierno.

Los científicos todavía no han encontrado explicación a este fenómeno, que comenzó a estudiarse cuando, llegado el mes de abril, se produjo un brusco descenso de la temperatura que no remontó durante el mes de mayo.

La comunidad científica está desconcertada, las intervenciones en los diferentes canales de televisión se suceden sin que se pueda dar una respuesta a la nueva situación climatológica que se está produciendo, no aisladamente, sino a nivel mundial.

Claudia llega a su casa y lo primero que hace es conectar la televisión, ávida de noticias que le ayuden a organizar las vacaciones, ya que, dadas las condiciones climatológicas, tanto ella como sus amigos han aplazado la decisión con la esperanza de que el tiempo se restableciera, volviera a ser un agosto normal y les permitiera planificar unas actividades veraniegas.

Los informativos alertan de que se está aproximando una tormenta de nieve y aconsejan no salir de viaje y aprovisionarse de alimentos, bebidas y utensilios para soportar un aislamiento, dado que no es posible determinar la virulencia, consecuencias y duración de la tormenta.

A las 6 de la tarde el cielo está totalmente gris, el frio se ha intensificado, la calefacción no caldea lo suficiente y la casa de Claudia, ubicada en una urbanización a las afueras de la ciudad, se está quedando helada y ella lo único que puede pensar es, ¡con las ganas que tenia de vacaciones en agosto y se me van a estropear!, ¡esto no es posible!

¡No importa!, dice en voz alta, ¡hablaré con mis amigos y entre todos encontraremos la forma  de que todo sea magnifico! Y continúa sin asimilar, pese a las advertencias escuchadas, que está ocurriendo algo que no puede ser controlado y que supera en importancia al hecho de que se le estropeen las vacaciones.

Con tal determinación coge el teléfono móvil con la intención de contactar con sus amigos, pero el móvil no funciona, lo intenta con el fijo, pero no hay línea, su cuerpo se estremece, pero no de frío, sino de miedo. ¿Qué hago ahora?, se pregunta, y decide salir a la calle en busca de contacto humano.

Cuando abre la puerta, se da cuenta de que no puede salir, la nieve anunciada ha caído en tromba, alcanza hasta su cintura, y presa de un ataque de pánico se lanza sin ningún control a la calle y nota como se va hundiendo poco a poco, no puede avanzar y cuando cree que ha llegado el momento final de su vida escucha un fuerte ruido y piensa que algo se va a desplomar sobre su cabeza.

Sin poder evitarlo, abre los ojos y se da cuenta de que está sonando el despertador y ella está en su cama. Mira por la ventana y ve un día espléndido. Son las 7 de la mañana de un día de mayo, ya se nota la primavera, pero también es el día en el que, en el trabajo de Claudia, se deciden los turnos de vacaciones.

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