Aparecía en los momentos menos esperados, era inoportuna como sólo ella podía serlo. Un día, mientras estaba durmiendo, me agarró la pierna destapada desde debajo de la cama la muy condenada, sabiendo el miedo que me dan a mí los fantasmas. En otra ocasión le puso sal a la yerba del mate, habrá que ver con qué disgusto a la mañana siguiente me la pasé vomitando mientras ella se reía en un rincón del baño.
Buenos Aires en verano es caliente y húmedo como la ingle de Satanás. Era pleno diciembre y yo dormía con el aire acondicionado a tope para poder taparme, creo que me ha quedado la manía de cuando se es chiquito y parece que la sábana representa un fuerte al que no entran ladrones, mosquitos ni fantasmas. De pronto la luz me da en la cara como una cachetada, con lo que me molesta que me despierten con esa brusquedad, justo hoy.
- ¿Otra vez vos? ¿Qué querés que me despertás así?
- Hola (dijo alargando la “a” en tono burlón) ¿Me extrañaste?
- Y la verdad que no. Contesté sin dudas y con enojo mientras me enroscaba en las sábanas.
En la última visita que me hizo me dio unos números, que me dijo, serían los resultados de la lotería. Perdí casi seis meses y mucha plata jugando en todos los sorteos que se me cruzaban y no gané nunca ni un reintegro, no me salían los números ni a la cabeza ni a los diez. Yo creo que en el fondo ella si sabía el resultado de la lotería, no era posible que por azar no saliera ni uno de todos esos números. Lástima que lo que se premia no es errar a propósito, sino acertar por casualidad.
- Vengo específicamente a contarte cómo es el futuro, para que estés preparada. Una obviedad es que existen los viajes en el tiempo. El resto no te lo imaginás, no se lo imagina nadie.
- Pero ¿esta vez me vas a decir la verdad o es como cuando lo de la lotería?
Pregunté incorporándome en la cama, con los pelos revueltos y la boca pastosa de la mañana.
- Escuchame bien, tenemos que estar preparadas, no tengo mucho tiempo hoy porque es mi cumpleaños y me están esperando. Resulta que en el futuro no existen ni la literatura ni la filosofía.
- Pero, ¿qué pasó?
Dije abriendo los ojos como agujeros negros.
- Verás, en el futuro los tribunales y los jueces pertenecen a un ministerio que se hace llamar “De la Verdad y la Certeza”. Esos políticos/Jueces decretaron que la población tenía que instruirse en las cosas que fueran estrictamente ciertas, que el cielo es azul por ejemplo, es algo en lo que hay que dejar de creer porque ni es cielo, ni es azul, como dice el tango.
Las personas que se maquillan pueden ser condenadas por estafa. Ya no existe dios ni futuro: desde que se descubrió la proteína que es capaz de provocar selectivamente modificaciones en el ADN la gente casi no muere ni envejece. No pudieron borrar el sufrimiento, pero sí genéticamente perpetuarlo.
Los ministros de la verdad escribieron el “Catálogo de las Cosas Ciertas”: un librote de hojas finas y dos columnas por página, en las que se enumeran las cosas en las que dice la Buena Ciencia que se debe creer. La gente se reúne todas las tardes los lunes, miércoles y viernes para leer punto por punto una y otra vez lo que indica el Catálogo, más por miedo que por otra cosa.
La literatura quedó estrictamente prohibida, solamente se pueden leer libros sobre las verdades de la genética y la física. No hay tampoco libros de historia, porque se dieron cuenta que el pasado de los pueblos se parecía bastante a la ficción. Entonces para conocer de historia se publican compilados jurídicos de cada época, llenos de hechos redactados como carta documento.
La poesía pasó a mejor vida por considerarse absolutamente inútil, no aporta nada a la sociedad conocer lo que evocan los atardeceres, ni lo que Alfonsina veía en el fondo del mar. En el mundo del futuro el arte está condenado a servir a la sociedad, no puede aspirar a cambiarla.
Los policías de las películas no pueden saltarse la ley para encarcelar al malo. A las parejas las arregla el estado según el perfil genético de cada uno, buscando la menor incidencia de enfermedades hereditarias.
El video juego más famoso se llama “Cómo ser un buen agente de aduanas”, consiste en acumular puntos descubriendo irregularidades de empaquetado en las cajas que llegan a los puertos.
La gente ya no baila porque están prohibidas las metáforas, se puede sin embargo hacer pesas, spinning y natación, para cultivar las habilidades que la Buena Ciencia cree que debe tener le cuerpo.
Hay en los bajos fondos, en las cloacas del futuro, un movimiento de rebeldes que sigue leyendo poemas y rechaza la inmortalidad, entre ellos estoy yo, es decir vos, usamos la ciencia de la verdad para construir una máquina del tiempo para poder nutrirnos de las mentiras del pasado.
- Pero no entiendo ¿A qué viene todo esto? ¿Qué se supone que tengo que hacer yo con lo que me estás diciendo? Pregunté sin dar crédito a lo que escuchaba.
- Lo mismo que hiciste con la lotería: jugar como si fuera cierto.
Después de recitar tremendo monólogo a toda velocidad y amparada por la impunidad de la duda desapareció por el mismo ropero por el que había llegado, yo todavía estaba en la cama, despeinada y con la boca pastosa de la mañana. Me levanté y en lugar de mate, me tomé un café.
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