martes, 21 de enero de 2020

LA CARTA


LA CARTA
Un día recibió una carta anónima, que en principio pensó que se trataba de   una equivocación o tal vez de una broma.
Estaba dirigida, pero carecía de remite y de sello de correos, era evidente que había sido depositada en el buzón personalmente.
En la misiva, le indicaban una dirección a la que acudir para participar en una reunión, cuya materia y finalidad le serian explicadas si se personaba en el lugar y manifestaba su aceptación.
También incluía un plano y una serie de indicaciones, para llegar sin dificultad al lugar indicado que, por otra parte, se encontraba un poco alejado y aislado.
 Conforme leía le iba pareciendo un poco raro y muy sospechoso el asunto, e incluso daba un poco de “repelús.”
Su intención fue tirar la carta a la basura junto con los diferentes papeles de publicidad y propaganda que había recibido en el correo, pero se dio cuenta de que, en el reverso, figuraban una serie de datos relativos a su persona y a su vida, lo suficientemente íntimos para ser únicamente conocidos por personas muy cercanas que, desde luego, no le iban a escribir anónimamente.
Se detuvo un momento y sintió primero un escalofrío y después una gran curiosidad, e hizo lo contrario que se hubiera esperado de una persona racional, poco dada a las fantasías y que en modo alguno se dejaba llevar por los impulsos, tal y como había sido su forma de actuar durante toda su vida.
Volvió a leer la carta, comprobó que la convocatoria era para el día siguiente a las siete de la tarde, la guardo en la cartera y anotó en su agenda la dirección y la hora con intención de acudir a la cita.
Paso el resto del día en una situación de una ansiedad desconocida porque iba a hacer algo a lo que nunca se había atrevido, dejarse llevar.
 Siempre le había gustado tener su vida organizada y controlada, por lo que la planificaba todo lo posible, para evitar situaciones imprevistas que le impidieran reaccionar de la forma adecuada y a estas alturas de su vida iba a lanzarse a una aventura desconocida.
No quiso comentar el tema con amigos, familiares o compañeros para que no fueran a pensar que estaba loco, ya que cuando intentaban sacarlo de su zona de confort se revolvía y desaparecía durante un tiempo, sin dar razón alguna.
Le fue difícil conciliar el sueño y se planteó varias veces olvidar el asunto. Pero podía más su curiosidad y sobre todo el afán de aventura que, no se explicaba muy bien, le había invadido.
Se levantó más temprano de lo habitual, con la cabeza “embotada”, por los sueños inquietos, e instalado en la duda más absoluta. Ya no tenía tan claro asistir a esa reunión. Se preparó para ir al trabajo y al salir de su casa  vio que, por debajo de la puerta, habían introducido una carta recordándole que esa tarde a las siete era la cita.
Pasó la jornada laboral en tensión y cuando llego el momento, finalmente, se encaminó al lugar indicado.
Tardó más tiempo del previsto en encontrar el sitio. Se trataba de una casa vieja y medio destartalada, que parecía deshabitada desde hacía tiempo, por las condiciones de abandono acusado. No encontró a nadie en su interior, ni tampoco indicios de que alguien hubiera estado, ya que el suelo estaba cubierto de polvo y no se apreciaban huellas. Lo que sí  había,  sujetas al quicio de la puerta que estaba abierta, eran una nota y unas llaves.
En la nota se daba una nueva dirección junto con indicaciones para llegar a un lugar que debía abrir con las llaves que le habían dejado.
La nueva ubicación se encontraba en la calle donde tenía su domicilio, por lo que , aunque un poco decepcionado, emprendió el camino de regreso, dispuesto a conocer de un vez por todas que se ocultaba detrás de tanto misterio y decidido a terminar aquella aventura que había alterado su controlada vida y que no sabía si estaba dispuesto a repetir.
Cuando llego a su destino, era un bajo comercial que estaba cerrado. Introdujo las llaves en las dos cerraduras, comprobó que no abrían y entonces se dio cuenta que las llaves eran las de su casa.
Se encaminó hacia su casa, pensando a que se debía la tomadura de pelo, si habría alguna cámara oculta grabándolo haciendo algo totalmente contrario a su forma de actuar y sin explicarse como había caído en la trampa.
Imbuido de estos pensamientos abrió la puerta del piso y se encontró a todos sus amigos levantando las copas y brindando. Era su cumpleaños y la aventura su regalo.

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