LA CARTA
Un día
recibió una carta anónima, que en principio pensó que se trataba de una equivocación o tal vez de una broma.
Estaba
dirigida, pero carecía de remite y de sello de correos, era evidente que había
sido depositada en el buzón personalmente.
En la
misiva, le indicaban una dirección a la que acudir para participar en una
reunión, cuya materia y finalidad le serian explicadas si se personaba en el
lugar y manifestaba su aceptación.
También
incluía un plano y una serie de indicaciones, para llegar sin dificultad al
lugar indicado que, por otra parte, se encontraba un poco alejado y aislado.
Conforme leía le iba pareciendo un poco raro y
muy sospechoso el asunto, e incluso daba un poco de “repelús.”
Su intención
fue tirar la carta a la basura junto con los diferentes papeles de publicidad y
propaganda que había recibido en el correo, pero se dio cuenta de que, en el
reverso, figuraban una serie de datos relativos a su persona y a su vida, lo
suficientemente íntimos para ser únicamente conocidos por personas muy cercanas
que, desde luego, no le iban a escribir anónimamente.
Se detuvo un
momento y sintió primero un escalofrío y después una gran curiosidad, e hizo lo
contrario que se hubiera esperado de una persona racional, poco dada a las
fantasías y que en modo alguno se dejaba llevar por los impulsos, tal y como
había sido su forma de actuar durante toda su vida.
Volvió a
leer la carta, comprobó que la convocatoria era para el día siguiente a las
siete de la tarde, la guardo en la cartera y anotó en su agenda la dirección y
la hora con intención de acudir a la cita.
Paso el
resto del día en una situación de una ansiedad desconocida porque iba a hacer
algo a lo que nunca se había atrevido, dejarse llevar.
Siempre le había gustado tener su vida
organizada y controlada, por lo que la planificaba todo lo posible, para evitar
situaciones imprevistas que le impidieran reaccionar de la forma adecuada y a
estas alturas de su vida iba a lanzarse a una aventura desconocida.
No quiso
comentar el tema con amigos, familiares o compañeros para que no fueran a
pensar que estaba loco, ya que cuando intentaban sacarlo de su zona de confort
se revolvía y desaparecía durante un tiempo, sin dar razón alguna.
Le fue
difícil conciliar el sueño y se planteó varias veces olvidar el asunto. Pero
podía más su curiosidad y sobre todo el afán de aventura que, no se explicaba
muy bien, le había invadido.
Se levantó
más temprano de lo habitual, con la cabeza “embotada”, por los sueños
inquietos, e instalado en la duda más absoluta. Ya no tenía tan claro asistir a
esa reunión. Se preparó para ir al trabajo y al salir de su casa vio que, por debajo de la puerta, habían
introducido una carta recordándole que esa tarde a las siete era la cita.
Pasó la
jornada laboral en tensión y cuando llego el momento, finalmente, se encaminó
al lugar indicado.
Tardó más
tiempo del previsto en encontrar el sitio. Se trataba de una casa vieja y medio
destartalada, que parecía deshabitada desde hacía tiempo, por las condiciones
de abandono acusado. No encontró a nadie en su interior, ni tampoco indicios de
que alguien hubiera estado, ya que el suelo estaba cubierto de polvo y no se
apreciaban huellas. Lo que sí
había, sujetas al quicio de la
puerta que estaba abierta, eran una nota y unas llaves.
En la nota
se daba una nueva dirección junto con indicaciones para llegar a un lugar que
debía abrir con las llaves que le habían dejado.
La nueva
ubicación se encontraba en la calle donde tenía su domicilio, por lo que ,
aunque un poco decepcionado, emprendió el camino de regreso, dispuesto a
conocer de un vez por todas que se ocultaba detrás de tanto misterio y decidido
a terminar aquella aventura que había alterado su controlada vida y que no
sabía si estaba dispuesto a repetir.
Cuando llego
a su destino, era un bajo comercial que estaba cerrado. Introdujo las llaves en
las dos cerraduras, comprobó que no abrían y entonces se dio cuenta que las
llaves eran las de su casa.
Se encaminó
hacia su casa, pensando a que se debía la tomadura de pelo, si habría alguna
cámara oculta grabándolo haciendo algo totalmente contrario a su forma de
actuar y sin explicarse como había caído en la trampa.
Imbuido de
estos pensamientos abrió la puerta del piso y se encontró a todos sus amigos
levantando las copas y brindando. Era su cumpleaños y la aventura su regalo.
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